Entierros de tercera.

Las misiones de paz, las tropas de interposición, los cordones sanitarios . . . toda esa jerigonza con la que nos venden que sigue siendo preciso fabricar armas, pertrechos, bombas, minas y empresas de catering, helicópteros, bombarderos, o sea: que la industria armamentística funcione y sobretodo que la clase militar esté ocupada, me sume en una pregunta desasosegante: Se ha reducido el arsenal mundial ?.

Parece que no y el siglo XX ya pasará a la historia como el siglo en el que el hombre ha realizado descubrimientos capaces de destruir la propia tierra: la aplicación militar de la energia nuclear. A todo eso España encontró un filón con la entrada en la OTAN. El ejército ya estaba ocupado en saltar del avión mejor que los alemanes, escaquearse en la noche mejor que los ingleses y disparar con más tino que un francés y parece que así, junto con el aumento salarial con el que Narcís Serra dotó a la cúpula, se hizo la transición en las Fuerzas Armadas y nadie pensó en el golpismo.

El conflicto libanés y el bosnio trajeron este invento proverbial que mentábamos al principio. Lo que pasa aquí es que la maquina militar precisa de mucho engrase presupuestario y la armamentística civil . . . pues no digamos, miles de puestos de trabajo. Lo que raya ,realmente, es que cada vez que un soldado español muere en esas dignas misiones nos apabullan de patriotismo, feretrismo y funerales de estado con condecoración, foto de funeral (impagable ocasión para promocionar la humanidad de la Casa Real) con políticos dándose codazos al fondo y esas rancias ceremonias que recuerdan al coñazo de los desfiles.

Dejen en paz el dolor de los deudos del finado y pasen página. Hay cada día muertos en la obra, en la fábrica, en la carretera. Son los héroes de la miseria que traginan una furgoneta de Sevilla a Valencia para cobrar el plus si llegan antes y tomar otro servicio. Son los soldados de la comida que luchan en la trinchera de la fiambrera para llegar al dia 25. Son los tenientes de la cadena de montaje que caen bajo la taladradora al intentar que no se pare. Son los emigrantes que cobran una mierda para que otros se compren un tercer coche.

Señores militares, señora Chacón: entierren a sus caídos con el respeto y el silencio que se debe a los anónimos que cada día caen cual moscas en el Irak de la plusvalía, el Afganistán de la grúa y sufren tortura agridulce hasta morir en el Abu Grahib de la precariedad infinita, viven en el Bagdad de no ver jamás a los suyos y llegaron a la playa del libre mercado en la patera hecha de traviesas de hambre. No tendrán medalla, ni himno, ni cura castrense, ni una postal de los reyes, ni pensión de viudedad. Pero déjenos pensar lo que queremos, déjenos llorar si nos embarga el gaznate, déjenos sentir dolor si los sentimos y guárdense la patria para su arbol de Navidul. Y ustedes, señores sociatas, crean en algo, en lo que quieran, porque desde que son tan laicos que cada vez montan más sacramentales y desde que hacen ostentación de negar a Dios creen en todo.

Foto:Klutch, Vanessa (SSgt)

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