La vida misma

Destino Pyongyang

Hay una preocupación latente, aun en tiempos de crisis, sobre el futuro de la industria turística mundial. Ya no se trata de saber la reducción de días de estancia, la disminución del gasto diario de un inglés en Benidorm o de cuantos alemanes caerán redondos en el paseo de palma tumbados por una sangría apócrifa, no. Hace décadas que nadie puede acceder al destino turístico más deseado: Corea del Norte. ¿Se lo imaginan?.

Nadie puede pasar por alto las grandes avenidas vacías de coches, un lugar sin bares ni restaurantes, tractores de hace cuarenta años renqueantes, murales de colorines en inmensas avenidas, actos de celebración del cincuentenario de la primera eyaculación del gran fundador del país, vistosos bailarines, a lo Duracell, que en comparsas de solamente cien mil mueven al unísono los sobaquillos y restallan sus tobillos contra el asfalto. Sí, Corea es el último cromo del comunismo acérrimo. Siempre gustó tener un cromo de como se vivía al otro lado del muro, de como Albania se moría de hambre, de lo penosos que eran los coches en la RDA. Pero cayó el muro, se abrió Albania, China hizo olimpíadas . . . el cromo del comunismo ha desaparecido del mercado. Sólo queda Corea del Norte.

Y la noticia más relevante que ha generado este país en un año es que probablemente ha muerto su máximo dirigente Kim Jong-il o se halla desaparecido. Es el hijo del dictador que forjó el país, tiene un peinado a medio camino entre cobrador del frac y el Dioni, yo no le dejaría de canguro de mi sobrino, hay quien afirma que regenta una tienda de trajes de novia en el madrileño barrio de Usera. La comunidad turística internacional se plantea una campaña motivante «¿Dónde está Kim Jong-il? ¿Usera o Pyonpyang?»

No se pierdan la solución a la hambruna coreana

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