La vida misma

El pensador en Madrid

Huele Madrid a cáscara de gamba, a refrito de calamares y destila esa mezcla de pijerío y provincia que la hacen capital entrañable. Pero los tiempos que corren no son de excelencia, más bien son de sordina y de mosqueo. Hay mosqueo. Todo estaba más o menos bien puesto: candidatura olímpica, inauguraciones urbanas y un centro estupendo que tiene un triángulo del arte que se situa entre el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía, destino constante de una masa turística gansa. Pero algo se torció desde el verano, el palco del Bernabeu no pasa por buen momento, la crisis hace bajar el indice de opulencia, en Aranjuez cae la demanda de fresas con nata y gambas con gabardina . . . para rematarlo los espías, los dossieres y la instrucción de sumario empiezan a reblandecer la pirámide de Aguirre: la Comunidad, el Canal de Isabell II y la presidencia de CajaMadrid. Es una lucha dura, tremenda y con la crisis dando en el cogote. De repente todo lo cubre un silencio casi espartano y solo roto por los improperios de políticos y jueces. Obama puede llevarse la olímpiada a Chicago en 2016 y Gallardón espera cobrar unas piezas inasequibles en otras cacerías.

De esa guisa social hemos visto el Madrid de los Austrias y los australopitecus del euro, algo huele a flojito y mi interlocutor me cita casi como en el espía que surgió del frío. «No te cachondees Bekaa, esto tiene pinta de ir a peor». El alcalde de una población del oeste estrenó hace medio año un carro de quince milloncetes, hace dos semanas Correa le llamó, tenia el altavoz del telefono conectado: «¿Oye cabrón cuando me vas a pagar el coche que te regalé?». Y no es el de Boadilla, por ahí las amenazas circulan en forma de escritura de terreno, reclificación y amenazas al nuevo alcalde. Mitjavila, ex ministro y del Opus Dei pidió seis millones de Euros para interceder ante la Mutua Madrileña para crear un superhospital en Boadilla y el alcalde le apoyaba y se negaba a cualquier negociación si el «mediador» no era él . . .

Empieza a aflorar la mierda pero aun hay confianza. Mi amigo Olivares, fascista de toda la vida, y admirador de Ordine Nuovo, al que conocí en los ochenta sacando una pistola Astra en plena asamblea en el sindicato Nacional del Seguro para pedir que «Los catalanes no van a hablar», cosa que yo y mi compañero hicimos entre la desesperación de los de CCOO, me asegura que todo es borraja: «Borrajas, burradas, en cuanto pase a otro juez esto se para y sanseacabó Bekaa». Pero por la forma que me mira y como se traga la pastilla de la hipertensión, con una copilla de Chinchón, no creo que esté muy convencido. Pero a ustedes no les voy a engañar: visitar el Prado, pasear entre las librerías de viejo de la cuesta de Moyano, extasiarse ante el Guernica y sus bocetos o revisitar a Goya es un rito que les recomiendo periodicamente. La cosa da para pensar por eso La caixa ha inaugurado su centro poniendo al pensador de Rodin a la puerta, toda una invitación.

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