Diario de la Graciosa (9): Ser niño en La Graciosa.

En otra vida escogería ser niño en La Graciosa. No hay nada tan próximo a à„frica que la devoción social que los gracioseros tienen por sus chavales. La escuela acaba a las 13,30h. Aquellos que aún no van a ella o justo empiezan a andar van para arriba y abajo, con el jeep del padre que está trabajando, a la compra con la madre. Pero lo más sobresaliente es que los niños y niñas circulan libremente por la calle arenosa, juegan en la playa de la Caleta del Sebo, que es la auténtica plaza mayor de la isla. Una deliciosa y tansparente caleta en la que se alinean a unos doscientos metros, las embarcaciones de pesca y deportivas, un puerto límpido y diáfano. a cualquier hora del día y de la tarde hay niños solos o acompañados jugando en la arena y en el agua.

En esta plaza mayor la alcaldia es el bar El Veril, templo futbolístico de propietario muy amable y activo, que ofrece un servicio amplio de alquiler de bicicletas y kayaks. Es un buen lugar para contemplar como el sol deja a oscuras los riscos de Famara. Allí suelo pensar de qué les hablaré el día siguiente. Entre las barcas habita El Pajillas, su nombre lo dice todo, que está tendido en la arena a cualquier hora del día y muchas de la noche. En diciembre lo hemos visto zambullirse cual Tarzán a las doce de la noche. Como dice el alcalde de El Veril: “No distingue entre estaciones si es primavera o invierno”. De vez en cuando se tapa con una toalla y todos saben que está haciendo.

De todo este fresco riquísimo de luces y gente me quedo con un niño y una niña que cada tarde están horas en remojo, llevan una garrafa de agua de plástico y la llenan con los peces que van cogiendo. A veces suben al paseo y los tumban sobre la valla de obra. Entonces los bichos se retuercen a la busca de agua y siempre los acaban devolviendo al mar, como quedando con ellos para el día siguiente. Cuando acaba el repechón de la caleta la primera casa que hace esquina es el horno. Una venerable institución donde a partir de las seis en adelante la gente se da cita para liquidar su tremendo surtido de pastas variadas dulces y saladas. A veces entra alguien y pide pan seco para los peces del puerto y se lo dan, por supuesto. Un poco más allí esta el banco azul del “cabildo” que es como se llama a la agrupación de viejos gracioseros que suelen reunirse allí para hablar a un tono y ritmo intraducible. Es el mejor sitio de la Caleta, se comprueba sentándose alli un dia de fuertes alisios, el aire no te roza y esta calentito de todo el dia pues orientado a los riscos, mira hacia el sur. Les apunto a la lista, más de uno deseará ser niño en La Graciosa, se lo recomiendo.

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