Los muñecos que fabrica el dinero, Hulk Ronaldo.

El Dios que gobierna los estadios no conoce de moral ni de entretelas, el espectáculo es lo que priva, da igual las circunstancias o los hechos. Las cosas se miden en función de bytes o metros cuadrados de papel por segundo devorados. Junto a ellos las apuestas, que hace unos años han llegado de forma masiva, conforman un espacio único, excelso. Por ello espectáculos como el del increíble Hulk merengón, el tal Cristiano Ronaldo, llamado a la galaxia como CR7 es el gladiador que arrasa. Por ello se le puede perdonar todo, que sea nuevo rico, que tenga aspecto de macarra, que lleve tras de sí un atractivo adónico en bruto o que llegue a encender la llama del deseo, incluso a extintas damas que se apartaron del deseo hace tiempo al ver el bodrio que roncaba a su lado.

foto Alvaro Barientos/AP

El espectáculo de Ronaldo, ayer sábado, propinando patadones a diestro y siniestro, desafiando chulescamente a sus adversarios y que le hizo acabar el partido antes de tiempo no debe de ser para casi nadie un contratiempo. Si uno lee hoy la prensa lo que ocurre es que es un “profesional”, que tuvo un fallo y pidió disculpas por él, pero hay que agradecérselo al luso, pues se trata de un gran jugador que hierve por sus errores. Toma ya, ¿Conocen a alguién que no hierva por sus adentros ante un craso error? Tal vez sí, pero jamás llegaran a ser monstruos, cracks y galácticos.

Esa es la diferencia, vivimos en una Europa donde ser macarra como Berlusconi o corrupto como el Bigotes merece cada vez más la admiración ni que sea en privado. En público se contentan con el argumento de que: “Cualquiera en su lugar . . .  o lo que pasa es que tú no has podido”. Sí, esto es lo que hay: admirar al macarra, adorar al corrupto, envidiar al putero, son los nuevos mandamientos de un mundo que se precipita hacia cualquier cosa menos el tino mínimo para convivir. Son modelos a imitar, dioses del estadio de plasma, increíbles Hulk que nos muestran que clase de muñecos puede fabricar el dinero.

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