La pasión prohibidora del tripartito.

Hace tiempo que la antigua izquierda que gobierna en Cataluña destila un tufo intervencionista en la vida pública y en la legislativa de los ciudadanos que sobrepasa los límites democráticos de cualquier país constitucional moderno. Estas mismas líneas, a los ojos de los politicamente correctos, pueden ser tildadas de reaccionarias. Les aseguro que no lo son. La generación que gobierna fue de izquierdas en las cloacas, jamás pudo acabar con Franco y se dedicó a “frenar” al movimiento obrero en la calle, en las fábricas, en las asociaciones de vecinos. Detuvo movilizaciones para una ruptura total con el franquismo como las de Vitoria o contuvo la marea de indignación de los asesinatos de los laboralistas de Atocha. Por ello el Partido Comunista de España o el PSUC y el juguete roto de Izquierda Unida pagan una contundente derrota electoral continuada.

Pero cuando llegan a gobernar hacen auténticas perogrulladas. Junto a ellos crece la corrupción, el desastre electoral (en Catalunya vamos por el 59% de abstención) y nos sumergen en paseillos judiciales que nunca acaban en nada, es decir inermes de cualquier condena. Ahora, tras la debacle de referéndum, que no esconde nada más que el interés de ciertos políticos por crear un movimiento que ponga en pie, es más barato que sin “movimiento”, candidaturas para las próximas municipales de cariz independentista. En este paisaje el debate de los toros sí o  toros no, sigue siendo otra perogrullada: El Parlament admite a trámite una proposición para legislar sobre la vida animal que podría acabar con la fiesta taurina en el territorio catalán.

Si usted está al margen, como yo, del debate y no le importa que se hagan diez corridas al año para goce de turistas de la Costa Brava; estará de acuerdo conmigo en que solo se llena la única plaza cuando viene José Tomás, inmenso torero, y que viene arropado por las crónicas de escribanos de izquierdas que buscan el mito y la simbología ancestral en la Fiesta Nacional. Lo que dejo en el aire para meditar es que en Catalunya, desde que gobiernan los tripartitos se han cocido leyes, desconocidas para la gran mayoría, que tienen una intromisión en la vida y el derecho jurídico inauditas en el mundo “civilizado”. Por ponerles un ejemplo ha causado estupor entre los juristas que la ley de protección al menor catalana fije el límite de edad máxima en la cual los tutores del mismo, caso de que fuere adoptado, deben notificarle a éste que es adoptado. ¿ A quién se protege ? ¿De qué ? ¿Y el derecho de la intimidad familiar ?. Habrá más, uno de los problemas legales del Estatut es que vulnera, en diversos apartados, derechos individuales del ciudadano y entra en contradición con la Constitución en varias ocasiones, no es sólo cuestión de nación o no. Parece que ellos son el “estado” y el “ciudadano”, no sabemos si serán reminiscencias estalinistas o simplemente son los neocon de las ideas-momia del marxismo aderezadas de socialismo light contemporáneo.

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