La vida misma

Vic, la ciudad donde quedan escasos «santos».

La ciudad de los santos es uno de los distintivos de Vic tomado de la obra literaria de Miquel Llor «Laura a la ciutat dels Sants». El mismo viene a congraciarse con Dios y con la resabiada tradición católica secular que se atribuye, un poco tópicamente, a sus ciudadanos. Pero Vic, durante años adalid y modelo social de como congraciar inmigración creciente y convivencia ha pasado a ser la punta de un iceberg. Un buen día la luminosa izquierda que lo gobierna ha decidido aplicar las mismas medidas que en su consistorio propone la extrema derecha catalana encabezada por la PxC, Plataforma per Catalunya, una agrupación encabezada por Josep Anglada, un ex dirigente de Fuerza Nueva. Aunque todavía poco visible, el partido liderado por el ex dirigente de Fuerza Nueva Josep Anglada ha propuesto medidas polémicas como derogar los subsidios a los foráneos, retirar las becas comedor a los hijos de los inmigrantes y que los consulados de Marruecos y Pakistán sufraguen los gastos que, a juicio de PxC, generan los habitantes de dichas nacionalidades en Badalona, Vic u otras ciudades.

La Plataforma abrió base en Badalona en marzo, a la vez que en Barcelona y L’Hospitalet. La primera meta del partido es hacer campaña de cara a las autonómicas de 2010 y asentar sus candidaturas para las municipales de 2011.  Podríamos extendernos sobre los orígenes e historia de esta agrupación electoral tildada de fascista. Lo cierto es que ha ido creciendo en distintos puntos de la geografía catalana, que compite y tiene numerosos ediles en Vic y que además goza de simpatías y respaldos en más sitios de los que muchos quieren reconocer. De todas estas medidas, como la de detener la inscripción en el padrón de sin papeles, se tiraban de la peluca algunos hasta hace dos semanas cuando el propio alcalde de Vic reconocía que hacía la misma propuesta que Abadal por cuanto a este paso: «Si seguimos así, no nos va a votar nadie». Terrible sinceridad o lapsus político memorable.

Lo claro es que el caso Vic denota una realidad de lógica floración: en tiempos de crisis queda más electoral destinar recursos a los de casa y dejar en la cola a los de «fuera». Está claro que Catalunya tendrá su Le Pen y que los miembros de PxC ya sueñan con ocho diputados en las autonómicas. Independientemente de la votación que obtengan es normal que aparezcan estas actitudes, como ya se hicieron patentes en Francia. Lo que más llama la atención son las declaraciones de un dirigente de una organización de emigrantes en las que aseguraba que hay gente trabajando en hogares de Vic que solo tienen dos horas de fiesta a la semana y recoge las quejas de muchos trabajadores emigrados en el sentido de que tiene horarios sin fin en numerosas fábricas y polígonos: «Hay mucha gente cabreada, si siguen así habrá poca contención». Y esa es otra cuestión que echamos de menos, que alguien nos cuente como a los ciudadanos emprendedores de pro de Vic les han salido tan florecientes números en los últimos años y ahora, con la crisis se ven los «de fuera» de otra manera. Alguien debería contarlo.

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