Barrer atrás, para salir adelante.

Haití es una llaga que supura al antojo de la cirugía mediática. Pronto estará cosida en una sutura de fotografías de cumbres a distintos niveles. Pero la infección ya estaba dentro y el terremoto la ha extendido mortalmente. Ha muerto un escenario de vida, sí, miserable y raído por las ratas coloniales y la carcoma de la avaricia, como en tantos lugares. Ya no es preciso mencionar quiénes han sido y quiénes serán aquellos que del vertedero de muerte y escombros edificaran su propia riqueza. Escasos días hace que un empresario español se lucía diciendo: “Es que era un lugar donde era imposible hacer negocio”. No sé si sus palabras eran un antojo de que se va a reconstruir para hacer negocios para todos, los de fuera, claro. Pero contemplando esas imágenes lo que más impacta es la cara de los vivos, de los que han salido del infierno, de los que olieron y convivieron con el horror y tuvieron fuerza para darle un patadón a la guadaña. Esa niña, casi muchacha, ha barrido la calle, ha lanzado atrás el pasado y avanza ante la mirada de aquellos para quienes la edad y el dolor son un peso inseguro. Gracias muchacha, tal vez sea un consuelo, pero para ti la vida seguirá y, a buen seguro, no será peor que antes. Barre, barre, déjalo atrás, te dejarán sola, pero avanzarás adelante. Es la fuerza que da medirse con la tragedia, es la resiliencia, es sobreponerse, y tu belleza nos sobrepone y nos hace tener esperanza, en ti, en ellos la barrimos hace tiempo.

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