La vida misma

Se quiere tanto a los paraísos ! Y a quienes los habitan.

Claro que todos solemos hablar de los lugares preferidos, de los malditos, de todos aquellos rincones de ésta o de otras tierras donde al alma le pasa algo. Nosotros hoy redundamos y reincidimos y profesamos fe pagana de los ritos Mallezanos de Paulino, de Luis y de todo su equipazo. Malleza está situada en la parte alta del valle del Aranguin, en el concejo de Salas y cerca de Pravia. Les proponemos llegar a Malleza desde Pravia. esos escasos kilómetros de verde nos auguran un camino de belleza con la que la naturaleza se desparrama, a la izquierda el río, a la derecha el bosque alto, los castaños despeñándose por las vaguadas. De repente sube la carretera y va enfilando hacia la izquierda. El rótulo nos anuncia Malleza. Pocas casas, un puñado de habitantes e impresionants casas de indianos. La plaza con la iglesia y la biicleta oxidada que recuerda que sigue estando ahí a pesar de los inviernos y las aguas abundosas de primavera.

Dejemos el rodeo: ahí, en la plaza está la casa de comidas Al Son del Indiano. En ella encontrarás a Paulino, generoso alquimista del afecto y los sabores, no hallarán ustedes ningún local de restauración en España donde se alineen los periódicos locales con «El País» y un sorprendente y fresco «Le Monde» que apetece para resabiar nuestros orígenes afrancesados, a mucha honra, de nuestra infancia. Paulino siempre sorprende y no se crean, no les estamos hablamos de charlatanes de feria de esos que corren por las salas, presuntamente estrelladas, de la gastronomía. Te hace sentir en casa, escucha, aprecia, sugiere, afirma. Hace años que la suerte y la casualidad nos llevaron a su casa y siempre vemos en los comensales un parentesis especial en cuanto él aparece. Luego hablaremos de la cocina, eso merece otro post aparte.

Pero les aseguro que unos de mis paraísos preferidos es Al Son del Indiano y su ambiente, es casa, esa palabra mágica que en nuestros juegos infantiles gritábamos para anunciar una salvación, una paz especial, un salvoconducto de placeres. Y además tenemos el jardín, la trastienda estupenda y acogedora donde al fresco damos siempre un repaso de los temas que nos interesan o nos ocupan el chascarrilleo. Otras veces les mencionamos, nunca nos resistimos a pensar que estamos repitiendo, cada vez es especial. Se lo aseguro.

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