La vida misma

Argentina: Cuando los Dioses no sirven.

El Mundial de Fútbol llega a su fase verdaderamente interesante, las semifinales. Parece que es ahí cuando se ve fútbol y se disfruta algo. Y es que un Lienchenstein-Malta, por poner un simil con un Portugal-Corea, no nos engañemos, no interesa a nadie que le guste ver fútbol. Escribimos al pie de la eliminación de Argentina. Caía por su propio peso, un país enfrascado en ver a Diego Armando Maradona de técnico, no podía avanzar mucho a la hora de la verdad. Parecía por su chulería de palique de los últimos días que Argentina se había inventado el fútbol, como dicen con el asado, la pizza, la literatura o el psicoanálisis. Argentina ha vuelto a caer en su nefasta tradición de entregarse a mitos perdedores: Perón, Gardel, Carlos Reutemann . . . Nos duele porque les queremos de veras y sentimos mucha cercanía con sus complacencias. España sin ir más lejos depositó a la «furia» y la «garra» los avances de un fútbol cansino y marrullero que arranca de la victoria de 1966 ante Rusia y que no ha cesado de fracasar en todas las citas excepto en la Eurocopa merecidamente conseguida.

La «roja», apelativo derechón y quasi fascista que se disimuló con el violento «A por ellos . . .» parece otra cosa. Un equipo cuajado de jugadores buenos y efectivos, a margen del vedetismo y la tontería mediática. Un equipo lleno de azulgranas jóvenes, que llevan años de temple disputando finales, soportando presiones y a los que vemos capaces de llegar lejos por el temple y el estilo. Observen estos días las declaraciones de Del Bosque y sus muchachos, son comedidas, contenidas y van a lo que van. ¿Les recuerda algo?, a mi el estilo Guardiola en versión extended. De todo eso no podemos deducir ganar nada, pero si una forma de perder que les puede, si saben honrar y si ganan ganar con normalidad. Seguro que mañana la cabeza de Messi y la de Maradona rodarán por el suelo de los cafés bonaerenses, solucionado, solo que el inconsciente argentino no da muestras de estar muy  sanado de la capacidad de entregar su destino a dioses que cayeron hace tiempo. Algunos pueden colocar la momia de Eva Perón en el comedor para que les de suerte y no se darán cuenta de que es otro gafe tremendo. Esperemos equivocarnos de pleno.

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