La vida misma

Paseante

El visor de la cámara tiene sus sorpresas y buscando el encuadre, al fondo, encontramos a una mujer camino arriba, con el perro que trastea de un lado al otro. Poco hace de la amanecida y esa mujer que camina con la lejana y agitada compañía de su perro nos ilustra este verso de Emily Bronté, la apasionada autora de Cumbres Borrascosas.

Andaré, pero no tras heroicas huellas
ni por los senderos de la moral empinada,
ni entre rostros casi indiscernibles,
formas brumosas de una historia pasada.

Iré por donde me lleve mi naturaleza –
me irritaría que me guiase otro cualquiera -,
adonde grises rebaños pacen entre helechos,
adonde el viento indómito sopla en las laderas.

¿Qué revelan estos montes solos que valga la pena?
No alcanzo a decir cuánta gloria y desconsuelo:
la tierra que mueve a sentir a un corazón humano
puede contener los mundos del Cielo y el Infierno.

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