La vida misma

Notas históricas para la Conferencia Episcopal y su Papa.

Sorprende que Joseph Ratzinger hable de laicismo semejante al de la República. Estamos hablando de un papa culto y versado, no cualquiera llega a ser jefe del Tribunal para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio).Y no cualquiera tiene un pasado nazi como el suyo, que seguro puede influir en sus opiniones actuales. No vamos a polemizar con él solamente pretendemos exponer algo. El anticlericalismo español es antiguo, medieval. Aquí no se pudo superar la alineación del purpurado con los nobles y las burguesías emergentes. Simplemente porque la contrarreforma española no dejó lugar a una clase ascendente comerciante que estaba encarnada por antiguos judíos y mozárabes. Antes, en 1490, Isabel y Fernando lo masacraron con sus decretos de limpieza de sangre y expulsiones. Fue así como España padeció una inversión de la dinámica europea. Pese a los conflictos religiosos y al cisma de la Reforma de Martin Lutero, centrada en la crítica a la corrupción del papado y sus diocesis, los protestantes crecieron entre las clases comerciantes y empresariales, llevaron adelante un modelo de sociedad rígido, basado en las creencias y el esfuerzo.

Mientras en España Felipe II acababa de arrasar con lo que quedaba, en definitiva aquí todo llegó tardío y sobre todo el principal argumento de los historiadores hispanos e hispanistas ingleses: al carecer de una clase social emprendedora y comerciante el país no podía aspirar a tener una burguesía que afrontara una revolución industrial pareja y en condiciones. Concretando: no se pudo crear un mercado interior. En todo ese paisaje la Iglesia española no dejó nunca de hisopear a los nobles y los aristócratas. No deja de ser paradójica la Ley de Desamortización de Mendizábal. Cuando un ministro de Economía se plantea exigirle a la iglesia el retorno, la indemnización o el reamortizamiento de sus propiedades es que poca claridad hubo en la forma en que se obtuvieron. Dando un gran salto aquí todo llegó tarde y mal: el ferrocarril (las TIC del momento), los mercados locales y provinciales, la reforma del medio rural jamás se ejecutó y las puertas del siglo XIX se llenaron de hambrientos que esperaban de un siglo que empezó truculento. La Iglesia ha bendecido demasiadas veces los atropellos a las libertades individuales, a la justicia, a las gentes que dice querer ayudar. Ha sido una iglesia española sibilina, agitada y franquista. Sí, mayoritariamente. Hace demasiados siglos que en España el clero y la Iglesia oficial tienen un papel político beligerante que no les corresponde en absoluto. Hay demasiadas gentes que no son ni laicistas ni anticlericales, sino que simplemente tienen el alma amoratada de toparse con sus abusos de poder. Ahora, como ya no dan miedo, cuando el volumen de asistentes a sus actos está en franca caída, cuando solo un 15% de la población afirma rezar una vez al día, cuando sus vocaciones merman por su anquilosamiento en temas como el celibato y la homosexualidad o su visión de la familia como un poster avinagrado de la de Nazaret, advierte el Papa Benedicto que hay una situación parecida a la previa a una contienda que causó un millón de muertos. Decididamente están en guerra contra su propia incompetencia.

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