Pasando de largo de los vendedores de alfombras.

Esto ya no es lo que era. En estos días electorales la cueva catalana se llena de rumores. Por arriba, en la superfície corren las diatribas, que no son menos. Durán Lleida pidiendo polvos catalanes que ocluyan a la inmigración con una sarta de hijos del pan con tomate. Puigcercós diciendo lo que ya sabemos: que pagamos más que nadie a la Agencia Tributaria. Mas pidiendo más mayoría, Mas: “¿Más aún?”. Los chicos del PP probando su modelo de campaña contra foráneos, es como un ensayo a ver cuantos votos da. El paisaje electoral catalán tratará de atraer a los que votan con la discusión sobre la corrupción. La realidad es que el Consejo del Palau renuncia, ahora, dado el momento electoral, a seguir con el proceso de esclarecimiento de la vinculación de Convergencia con las operaciones fraudulentas de Millet. No es de extrañar, pronto elegirán director y los candidatos son proconvergentes. Maravilloso, único y quasi mágico.

Catalunya está hecha una cueva de rumores. Les cuento algunos: el rey está muy chungo, no se sabe si llegará al verano . . . (no lo podemos confirmar, es un rumor). Las setas han caído de precio en picado, pero lo peor es que el barato y preciado níscalo puede venir de Ucrania comprado por unos chinos; el convencimiento es de que allá no se consumen pues su suelo está muy contaminado por Chernobyl. Rosell quiere liquidar a unos cuantos jugadores del Barça a fin de temporada, Guardiola ya piensa en el Olimpo del Manchester United. La convivencia de Guardiola con el pijo es insalvable, dicen. Y créanme, un país que come níscalos envenenados tiene su hígado, lleno de rábia estatutaria muy mal, urge un hepatólogo capaz de sanearlo, pero no lo hay. Los chicos del PSC subieron arduamente, primero fueron centuriones, luego capitanes, algunos como Sala y Navarro pisaron el talego. Santa Coloma quema, la militancia está de muy mala leche, pero ya es tarde. Las encuestas auguran guarrazo. Ya les contaré, vienen días movidos, todo se ha llenado e vendedores de alfombras que nos prometen volar a las pensiones, sobrevolar la crisis y crear empleo, aumentar las prestaciones sociales, pero nadie se los creee. La última abstención fue del 59%, dato que como ya hemos dicho nadie cuestiona, solo constata. Toros, fútbol, circo, género, maestros, semanas blancas, indecisiones continuas. Todo menos aquello que, de veras, preocupa, por eso pasaremos de largo de los vendedores de alfombras.

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