Las causas de un país en “azulete”.

Independientemente de quién las maneje las encuestas sobre las elecciones municipales configuran un mapa azul apabullante para el Partido Socialista Obrero Español. Pero esa es la materia con la que nos desayunan sea festivo o laboral. La oleada conservadora de tintes ultraderechistas va a efectura el ensayo previo de una victoria anunciada. No se trata de una victoria anunciada de meses, es de años, es anterior a la crisis. El PSOE ha perdido la madeja de su discurso ovillado entre sus propias luchas internas y una política de bandazos. Nos venderán dentro de una semana que han conservado alguna ciudad que las encuestas les daban por perdida, conseguiran algún pacto que les permita sacar cabeza, pero la realidad es dura: España vota derecha conservadora. En el analisis de la derrota se hará difícil conjugar semejante palizón buscando argumentos, excusas de mal pagador.

Claro que el panorama europeo, conservador y también derivante a la ultraderecha no deja lugar a dudas: es la globalización del miedo bien usado por los políticos y sin duda es el resultado de un hecho aún más importante: desde hace dos años los gobiernos europeos están obligados a aplicar unas políticas para las que no fueron votados, ni tan solo sus propios opositores. El mundo financiero ha secuestrado al mundo político y sus exigencias son norma de obligado cumplimiento. En esa negociación entre financieros y políticos hay poco margen: “O lo haces o caerás, o lo haces o quedarás maniatado y sin dinero”. Y ellos van y lo hacen, lo recortan y lo asumen. Como dice muy bien Juliana en La Vanguardia Catalunya es la única comunidad enfrascada en los recortes y que lleva varias semanas en un debate y manifestación públicade rechazo a los mismos. En el resto de España hay un pacto implicito para no destapar el frasco de los palos hasta pasadas las municipales, por lo menos. Esa lamentable unidad entre el PSOE y el PP queda aún más evidente cuando vemos que la campaña no toca ningún tema relacionado con la corrupción municipal, tan larvante y tan cansina que ambos partidos optan por “ahorrarnos” el disgusto de oír hablar de ella. En Catalunya, después del caso Pretoria, el Palau de la Música y la concesión mafiosa de licencias municipales en Barcelona sobre apartamentos turísticos, lo mismo, nada de nada.

Si las encuestas se cumplen será inexplicable atribuir a la manipulación del TDT-Party, al eficaz propagandismo del partido de Rajoy o ni tan siquiera a la Iglesia un resultado tan adverso, hay un tercer factor que les expongo: Desde hace más de veinte años la corrupción ha campado por doquier. Ustedes y yo tenemos amigos, conocidos y saludados que han posado sus reales en la administración pública sin ningún mérito más allá de poseer un carnet, una amistad relevante o una cerril borreguez dentro de su propio partido. Ese ha sido el INEM real de nuestro país. Sobre esa base se ha visto como alcaldes, regidores y chupatintas de distinto signo han ido colocando a la familia, los parientes, los o las amantes y de aquella generación surgieron negocios, concesiones, inmobiliarias, propiedas, bienes, lujo, ostentación provinciana. Poco a poco se han ido convirtiendo en los nuevos ricos fáciles de la política, como muchos vividores sindicales. Ello ha generado una respuesta vomitiva a la política como arte, como mecanismo de regulación de la sociedad y no digamos ya a los partidos. No olvidamos en Catalunya el “desafecto” palabra con la que se bautizó eufemisticamente algo que jamás existió: afecto hacia los servidores públicos, afecto hacia la lucha ideológica o el debate para llegar a soluciones. El resultado hasido un pasotismo total y evidente, una caída brutal de los índices de participación en elecciones. Al final quería insistirles en eso, en que hay un voto contra la izquierda que proviene de su ostentación, de sus repentinas riquezas y negocios. Es una ceguera oponerse a eso votando a la derecha, pero no es que los que les voten piensen que lo harán mejor, sino simplemente es castigo a tanta ostentación y derechismo de bolsillo del propio PSOE, de IU o de formaciones republicanas en el caso catalán. Pero no se preocupen señores de la izquierda el mapa puede pintar azul para tantos años que les dará tiempo a reformularse y reencarnarse en . . .  no quiero ni saberlo.

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