«La maté porque era mía».

Pareciendo platos de distintos guisos tanto los recientes casos de violencia de género, en aumento en España, el caso de Strauss-Khan no deja de ser paradigmático. Escribimos justo cuando una mujer separada en un concello asturiano volvía de la noche electoral. Ella había rehecho su vida y vivía con sus padres, seguía con su trabajo y su militancia. Pero aquella misma noche, en la que fue elegida concejal, fue asaltada en su viviendo por su exmarido quién asesinó a su actual compañero, a su hermano y al padre de ambos. ella y su madre resultaron heridas de gravedad, todo ello en presencia de sus hijos. A otro lado del charco sin los mismos resultados el presidente del FMI Dominique Strauss-Khan la emprendía forzando a una camarera del lujuoso hotel que le pagamos entre todos los contribuyentes del mundo mundial.

foto diario de Cádiz

Siendo distintos no deja de sorprender la escabrosa naturalidad con la que SDK la emprendía con todo lo que llevara faldas. El silencio pretendidamente elegante y despreciable de la prensa francesa, cuando era clamor nacional que era un acosador demasiado acostumbrado al éxito, nos da la pauta de un mundo que no se sacude de tener a la mujer como un objeto decorativo al que si hace falta se le rompe cuando no sirve para el juego vil. Demasiadas políticas correctas, demasiada hipocresía y demasiada falsedad para laquear un machismo que sigue siendo plato de gusto mayoritario. La realidad es que los niveles de igualdad siguen siendo absolutament regidos por el machismo y la bragueta e incluso sátiros como Berlusconi, un putero en definitiva, siguen siendo pasto de ese tufillo moral que recorre el mundo en el cual hay más interés en marcar la sumisión de la mujer como antesala de cualquier violencia sobre ella. Lamentablemente la educación no ha ayudado mucho a pesar de la pantalla y el escaparate que se ha puesto. Miren en sus buzones como llegan en navidades los catálogos de juguetes de las grandes superfícies y verán como el niño aficionado a cocinar se le sigue etiquetando como a un maricón y punto. Por desgracia el lado femenino del hombre se sigue interpretando como un rasgo que es puramente consumista; usar cremas, ser coqueto y eso que llaman «cuidarse» pero que parece que se limita a conseguir un objetivo que se reduce a aumentar su consumo.

No vayamos tan lejos, hace unos años me admiró Rafael Sánchez Ferlosio citando que el hecho más importante de la incorporación de la mujer al mundo laboral en los 50 en EEUU fue el brutal aumento del gasto en ropa, zapatos y especialmente en cosméticos, en los 90 se dedicaron a dos ámbitos que eran los hombres, enfocando a un nuevo maschio sensible, varonil pero rotundamente macho al fin. El otro ámbito preferido para aumentar el consumo fue la franja comprendida entre los diez y quince años especial incidencia en niñas que ha vivido una eclosión de consumo cosmético y ropa apabullantes. Después de tanto anuncio e igualdad pervive en el inconsciente colectivo el mito de Carmen: «La maté porque era mía» y sin duda las maniobras del marketing disfrazadas de valores inexistentes han ayudado a seguir reproduciendo el modelo de la tía buena, la tía puta, la tía que lo acepta todo y a la que agredir si no acepta y si se pone tonta es tuya. Horrendo en un mundo que se preocupa de clítoris y burkas mientras al lado están haciendo puré a tu vecina. Yo mismo lo viví hace dos meses.

Un comentario en ««La maté porque era mía».»

  • el 27 mayo 2011 a las 8:24 am
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    Tot el meu recolzament. Un pel•lícula divertida i dramàtica amb el tango cantat xl Serrat de fons si no recordo malament. MK

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