La vida misma

EL tipejo que mandó sus «tropas» a la plaça de Catalunya.

La acción de los Mossos d’Esquadra en la plaza Catalunya de Barcelona indica el nuevo rumbo político del país a nivel ejecutorio. Los catalanes han votado un gobierno de derechas y ese no es un voto de castigo, es de convicción. No en vano Convergència i Unió ha estado en el poder 20 años. Pese a ello hay que destacar que el discurso de la ultraderecha sobre la immigración ha calado muy bien en la sociedad catalana, el propio PP ganando en Badalona, exfeudo de la izquierda, ha asumido el malestar xenófobo. Y si yo fuera convergente entendería, pese a lo amplio de mi victoria, que debo acercarme a la gente de «ley y orden». Nada menos que un personaje como Felip Puig comanda la polícia. Este es un Maquiavelo casero que ya lo ha hecho todo en política, durante décadas ha sido el máximo responsable de organización de Convergència, pero este puesto le apetecía, va con él. Es hombre de trinchera, mandar los Mossos le pone, la propia TV3 lo representa en un programa humorístico con un bate de béisbol.

Convergencia saca pecho e interpreta que los votos sacados en las municipales son un apoyo a su política de recortes, avalados por esa idea darle una tunda a los piojosos y perroflautas de la plaza de Catalunya creen que es algo que les acerca aún más a sectores derechistas, por si en su casa no tuvieran pocos. Hace tiempo que Puig buscaba la ocasión de «lucirse» y lo ha hecho, se autoproclama perseguidor incansable de okupas y defensor de la propiedad privada màxime si esta tiene forma de ladrillo. Resaltar que ante el último Barça-Madrid ya presentó a la prensa unas nuevas balas de goma mucho más precisas, o sea que no rebotaban con lo cual se excluían «daños colaterales» pero advirtiendo que las nuevas hacen más daño y todo eso con prensa, fotos y sonrisa de fumador. Puig mueve muchos hilos al margen de sus cargos, mi voz ronca preferida me relata como hace cuatro años, en el restaurante que les recomiendo: Jaume de Provença, oyó una conversación más cercana a coqueteo gai que de negocios. Al oír la frase: «Túa sabes que a mi me puedes pedir lo que quieras». Mi amigo ante tl disponibilidad próxima a rey Baltasar se levantó y pudo ver a nuestro consejero de Interior Puig hablando con Josep Cuní, busto laqueado de la televisión catalana, que juega a ser nuestro Whalter Cronkite de estar por casa.

Pero como barcelonés me siento orgulloso de la reacción ciudadana ante los indignados y piensen que en menos de una hora los vecinos y personas de toda la ciudad volvieron a llenar la plaza de todo lo que los Mossos les despojaron alegando problemas de salubridad. Esa es la más grande miopía que a la larga podrán pagar cara los políticos: tratar las reivindicaciones ciudadanas como mierda insana y me acuerdo del señor de Viena que analizaba a principios de siglo que aquellos quienes tenían obsesión por la limpieza denotaban la necesidad de borrar algo que les culpabilizaba y añadía oscuridad a a su sombra. Gracias indignados, a los que me adhiero, habeís sido el bálsamo que nos engrasa a seguir pensando y reivindicando ante el timo bancario que nos quieren hacer pagar.

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