Sobre las vacaciones (1): El estrés del ocio.

En sí cuesta definir el verano como algo sustancioso para el espíritu humano. El anhelado momento de girarse lentamente hacia tu trabajo, quien lo tenga, y cruzar los brazos en señal de butifarra catalana e independentista no supone, en sí mismo, el inicio de una ruta liberadora. Hay agendas veraniegas, aunque parezca un contrasentido, en las que todo está programado al dedillo. La misma existencia de esa agenda organizada es ya de por sí una negación de lo que suponen las vacaciones. Aplicarle a varias semanas o días de tiempo libre el mismo mecanismo que rige los 11 meses de trabajo aunque sea maquillado de ocio no deja de ser un estrés.
La canícula es propicia a encuentros familiares que pueden adquirir distintos formatos y que en el fondo tienen su parte de afecto, se le supone, o son el ritual necesario para seguir renovando una fe abstracta en eso que se da en llamar la familia. La pregunta que suelo hacerme es ¿cómo en una agrupación de individuos que ya de por sí debe hacer equilibrios emocionales para mantener el vínculo, en ocasiones breves como una comida o unas tapillas; se les ocurre pasar juntos el momento del verano en que deben de relajarse? Sin duda toda una prueba para la asertividad, quien la posea, en un medio difícil y socavado de emociones. Parafraseando a Jodie Foster: “Sí ya tienes familia para que quieres enemigos”.

imagen de Ryan Schude

Escribo desde el respeto máximo a las distintas formas de montarse las vacaciones pero: ¿Qué me dicen del viaje largamente programado, interneteado, vuelinguizado y con copys de mensajes de foros en los que se asegura que aquel hotel de las afueras de Dibjuti tiene cucarachas que se pasean por detrás del buffet libre? Otro estrés que se añade al mundo del viajero 2.0 e intercontinental es la medicación, el agua en buen estado o los taxis o guaguas dominados por las mafias locales. Pero hay que admitir que para muchos ese es el bálsamo que realmente les permite desconectar, saber que hay otros problemas inmediatos a resolver y es que el viaje Jumanji tiene buena predica.
Sin movernos del sofá podemos ponerle filosofía con la frase del I Ching: “El que se fue ya ha vuelto” o tirar hacia la filosofía francesa: “El viaje interior” o apostar por un buen carajillo de ácido lisérgico (LSD) a través del cual exploraremoslas posibilidades de un camino que no es el de Escrivá de Balaguer ni el Opus Dei sino el de Jean Kerouac. Un día tomas un sendero y te vas colocando y dejando que las cosas sucedan, donde tu neurona te lleve. Les confieso que ese es el que no práctico por prudencia clínica pero es uno de los que me atraen más.

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