20N: El debate y el debacle. Consejos de otoño.

Sorprende esa lustrosa Academia de la Televisión que nos ha brindado un muermo televisivo que no tiene nada de debate sinó más bien de casting de telepronter para presentador de programa religioso. Nos pasma aún más que hoy seamos sabedores de que nos ha costado 400.000 € del ala y tengamos que sentirnos satisfechos porque hace unos años nos costó 800.000 €, pues teniendo en cuenta el tiempo pasado menuda millonada se embolsaron entonces!. Un Manuel Campo Vidal, que parecía el jefe de personal de El Corte Inglés, y la primera cadena nos remozaron el espectáculo con unos periodistas muy cautelosos ante el cambio de gobierno y algunos rotundamente pasados al vencedor como Onega.

Todos esos factores predispusieron a un debate inexistente dado que fue la constatación evidente de la gran mentira, de la nube manipulativa que nos envuelve. En un país donde las ruedas de prensa son sin preguntas las más de las veces, donde el político de turno aparece leyendo un «comunicado» y cada uno marcha para casa. Pero no nos engañemos: el público quiere eso y nada más, porque la cosa pública no da para más. Rubalcaba agazapado olvidando su pasado y Rajoy rayando el disco, el mismo disco desde hace tantos ños y al que no se puede negar «eficacia» pues es lo que sus seguidores querían oír: ambiguedad y ningún indicio que despierte a la caverna abstencionista del PSOE. Rubalcaba pintandonos una realidad de privatización evidente que se nos va a caer encima de forma masiva, eso cuando menos hay que agradecérselo aunque a él le da igual dado que su objetivo era despertar el dormido latir de una presunta izquierda que ya no existe. La gente dice querer empleo y que las cosas funciones, les da igual como. No les dará igual cuando en dos años de gobierno del PP vuelvan a comprobar que son tan incumplidores como quienes dejan ahora los cargos. En resumen: Rajoy y Rubalcaba dan el porte de una clase política ya sin clase, sin altura intelectual, sin ninguna lectura de tipo internacional creíble y una vaguedad rayana a la usura. Es tarde, es demasiado tarde, hace años que el diluvio se anunciaba y lo tenemos a las puertas. El problema ya no es quién gane, el verdadero problema es la falta de talla mental para redirigir eso que nadie sabe adonde va y seguirán las mentiras, las manipulaciones, los discursos ampulosos y transparentes. Nunca, como ahora, la política ha sido tan ruín y nunca como ahora es tan evidente que lo de político es una carrera profesional con aspiraciones de comisionista y que huele a Tangentopoli que asusta.

Estamos pues empezando la debacle, la caída libre de todo cuanto suponga honestidad, compromiso, ideología y asunción de responsabilidades. En cuanto al señor Rajoy su busto lector relleno de vaguedades expresivas nos recordó más a un subastador que repite cifras que a un candidato de derecha pura. Su cautela es peligrosa teniendo en cuenta las bestezuelas de extrema derecha que trufan su partido y que no tendrán bastante con ganar: pediran más «sangre» encabezados por Aznar. Sonríamos hoy hace buen día y nuestros vecinos y amigos nos saludan, nos escriben y nos esemesean, delante hay un otoño que empieza a serlo de verdad y nos inunda de colores. Mejor dedicarle a ese otoño unos paseos, unos vasitos, unos polvitos, unas, lecturas, unas risitas y unos yantares bien regados. Ese es el programa político que les proponemos desde el Ous y entonces verán pasar la debacle por delante y la podrán saludar sin una mueca rubalcabiana o un tic de ojo izquierdo a la rajoyana.

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