Agoreros de tres al euro.

Hay algo que todavía retumba en este invierno que se anuncia, al final de un año de esperanza para muchos. Túnez, Bahrein, Tripoli o Libia, Sudán o Chile y no entendemos porque de esta lista de “primaveras”, donde florece la ceguera periodística para el análisis, no nos pueden colocar a Londres. Los pobres hablan, como pueden, como les dejan, a trastabillazos. En la juventud mundial que se ha movilizado en 2011 hay una reclamación común: la lucha por las libertades en los lugares donde no existen y la reivindicación en pos de una sanidad y una educación. El desmantelamiento de los servicios estatales es la receta para engordar a los bancos y por ende las clases sociales, algo que nos habían dicho “superado” se marcan más y se acentúan las diferencias en el acceso a aquello que se consideró de siempre el patrimonio de los pobres: cuatro servicios públicos mínimos y esenciales.

Sin duda ese es un hilo común de las luchas de Atenas a Tel Aviv, e incluso en China aparece una clase media que entiende que lo que tributa no le es de recibo respecto a lo que recibe del estado. Salvando las distancias de situaciones peculiares, países y realidades política las luchas de hoy son la radiografía de la crisis. Ultimamente he hablado con algunos militantes de Convergencia i Unió que son los representantes, en mi tierra, de los recortes salariales y me han respondido que “debemos de ser solidarios”; pero nunca me concretan con quién y se pierden en el limbo de las vaguedades y cuando les espetas cuáles son las medidas concretas respecto al empleo y los jóvenes; los veo en blanco y me prometen que en cuánto los bancos recuperen el ánimo todo se andará. Son los mismos que decían que “el mercado se regula solo”. No quisiera despedir estas pinceladas convergentes sin decirles que suelen cobrar por encima de los cuatro mil euros mensuales amén de stock options y demás. Y al final siempre me quedo pensando que por muchas vueltas que le dé a la economía lo que me ilustra lo de ahora es lo que hace años que dice el viejo profesor catalán Estapé: “Els que tenen molt, tindrán més i els que tenen poc es quedaran sense res”.Desde entonces me lo tomó de otra forma.

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