La vida misma

Diario de la Graciosa12: Paseos cerca de la Mareta (y 2).

Alzo la vista y veo la punta de Fariones, los riscos de Famara omnipresentes y majestuosos y solo oigo el ruido de mis pies contra la arena y las piedras y eso es lo que más me ubica en el universo. Me vienen ganas de escribirle un canto de amor a esta roca en la mitad del Atlántico, antes que yo lo hizo una mujer admirable nacida en La Graciosa: Inocencia Páez. (hablaremos de ella).
Sigo andando pensando en frases que luego no escribiré, pero que me deleito en imaginarlas. Solo me cabe contarles que el llano entre Pedro Barba y La Caleta del Sebo, más de cinco kilómetros, me deparó este verano pasado una alegría insesperada: me tropecé con una buena bandada de alcaravanes que se detuvieron ante mi cámara y les confieso que no los pude “cazar”, me sentí fascinado ante sus colores, el amarillo del contorno de sus ojos y su altura.

Para mí fue mucho más que una aparición: mi libro mítico es Alfanhuí de Rafael Sánchez Ferlosio y así es como bautiza el maestro al niño protagonista porque dice que sus ojos son como los de los alcaravanes y Alfanhuí es como se llaman entre sí los alcaravanes. Fue mi momento más mágico entre realidad y literatura. Les dejo, me llama mi ornitóloga de cabecera, la que tantas veces guía mi deambular por dentro y por fuera; su llamada suele ser mano mágica e indicio de apariciones nuevas. Luego seguiremos recto para dejar el llano y fundirnos en las espumas.

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