La vida misma

¿Una democracia es aquel estado en que la memoria es baleada?

Cuantas décadas han pasado desde que murió Franco y fue justo la semana pasada, en el juicio, paradojicamente, que una asociación ultraderechista (Manos Límpias) para que por primera vez en un tribunal español se escuchara lo que todos hemos sabido, aquello que nuestros mayores nos confiaron en voz baja.: el terror de una dictadura sangrienta que cimentó su victoria en una guerra apoyada por el gran capital español y que prolongó el estado de guerra con tal de asegurarse dos tremendos objetivos: en primer lugar llevar su venganza hasta el final, eliminando físicamente cualquier discrepante u opositor o cualquier persona sospechosa de no aceptar el regimén golpista de Franco.

En segundo lugar «borrar huellas» a base de disposiciones legales que iban desde la anulación de cualquier reclamación legal hasta la incautación de bienes de gentes republicanas (algunos republicanos también poseyeron bienes incautados a punta de pistola). La ley de amnistía fue la bendición definitiva de todos los crímenes, entonces no se había inventado la «ley de punto final» como en Argentina. Y así hasta llegar a hace unos días en los que por primera vez escuchamos lo que ya sabíamos, lo que nos habían contando, pero esta vez en una sala de la Audiencia Nacional, como prueba aportada por la defensa de Baltasar Garzón que nos dice que en este país hay muchas mujeres como ella: con la vida arrancada de cuajo una madrugada y sus padres baleados en una fría cuneta.

Dirán lo que quieran o se sorprenderan que Pío Moa, ese historiador exterrorista del Grapo, que hoy parece el cronista arrepentido de la extrema derecha mediática, pide se enjuicie a esta mujer y se la investigue a ver si ha cobrado de alguién, la historia contada es gratis señor Moa, aunque usted afirme: “Si la miserable izquierda que padecemos es capaz de lanzar enormes campañas de este estilo, solo unas contracampañas de la misma envergadura conseguirán aclarar a la opinión pública y dar su merecido político a los estafadores y envenenadores. Por desgracia, la reacción es mínima todavía”. Pobre hombre, quiere enjuiciar al 50% de nuestros abuelos y seguramente llevarlos a tribunales y a ser posible meter a todos quienes no recuperaron la memoria en un barco que se hunda en el mar de Alborán. Esa mujer declarando es la imagen viva de las cosas que están por subsanar: dar un descanso a los muertos y no reconcomer más la paciencia de los vivos que seguimos pensando que es una verguenza de país aquel que es incapaz de poner sobre la mesa su pasado, incluído el más oscuro. Lamentable que no pregunten a Alemania como ha vivido el gen nazi y como ha encarado su triste pasado.

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