Te adoro Carlos, la noche es tuya y el dinero nuestro.

El sol se marcha perezoso por detrás de la sierra, en ese contraluz que va del mar hacia el oeste se enfilan los últimos o primeros pueblos blancos de la sierra, según como se mire. Destaca en el paisaje la centena de grúas que se pueden contar desde el pueblo hasta el infinito, desde San pedro de Alcántara casi hasta Cádiz, el ladrillo sangra Andalucía. La música suena sueva y ellos se miran a los ojos. Esa es una noche especial y a Carlos le sienta estupendo el Adolfo de lino natural que lleva puesto. Su comensal le alarga la mano, él la mira y resopla entre una risa forzada, el camarero italiano les sirve dos espléndidos servicios llenos de estética y calidad. ellos se miran cómplices. Este será solo el prólogo del verano. Pero hoy se piden un champán francés, de los de 230 euros en la carta, algo sencillo para acompañar el pescado. La velada es tan acaramelada como las de siempre.

Solo hay una cosa distinta, sucede el día antes de la dimisión de Carlos. Sí, Carlos Dívar el servidor público número uno de la judicatura, el señor que solo usaba hoteles de cuatro estrellas, el de los 22.000 euros solo este año en viajes. Carlos intercedió ante la Cope para echar a Jiménez Losantos y ese servicio Rouco no lo olvidará, menuda joya se sacaron de encima. Pero no se apuren, en este país cualquier paisaje de poder está blindado y no solo no dará explicaciones, no solo no devolverá nada del dinero ni lo justificara, simplemente se llevará 208.000 euros hasta 2014 o simplemente cobrará unos 9.000 euros mensuales. Ustedes, que conocen la sencillez del cuatro estrellas lo podrán entender, tal vez.

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