Las merendolas de la Generalitat

De siempre ese ha sido el gran momento de la tarde, el interludio entre el juego, la actividad, la alegría, el descanso solazante. A media tarde la merienda reparadora bajo el castaño, en las escaleras de la iglesia, parapetándote del frío en la escalera de vecinos, compartido con tus amigos a la sombra de un camión aparcado. Membrillo que se pega en los dedos, pan con aceite y sal, pan de hogaza remojado en vino. Más posteriormente vienieron los preparados industriales, las margarinas, el bollo de la panadería del barrio, qué gran excusa para verle el culo a la panadera cuando se giraba, o la chuche pura y simple con la que traicionabas la confianza familiar. Meriendas, millones de píldoras contra el tedio, el cansancio de correr o el llanto de la decepción infantil, eso eran y todavía son las meriendas. Claro que desde que el helicóptero de Tulipán aterrizó en los colegios allá a principios de los 80 le acompañaron los donuts, el Tulicrem, el Tigretón o el Phoskito y la cosa fue más sentimental y sintética. pero el valor era el del espacio, el del interludio reparador.

Todos recordaremos memorables merendolas al margen de las familiares oficiales, camino del río o la fuente del pueblo de la abuela. Hoy merendamos lo que podemos, lo que nos queda, lo que nos conviene o los que nos dejan, pero es incontestable que un grupo social más amplio de lo deseable ya no lo va a hacer más, Artur Mas y sus consellers se lo acaban de prohibir y casi nos imaginamos al sádico que firmó la orden diciendo: “Que se jodan, panda de chorizos”. Algo tan fascista que nos sonroja a los catalanes de a pie. En rimbombante nota el responsable de instituciones penitenciarias de la Generalitat acaba de anunciar el “recorte” enésimo acordando no dar merienda a los presos de los centros penitenciarios catalanes. Hablo de cinismo por cuanto que el autor de la nota de prensa de la Generalitat arguye “unas largas negociaciones con las empresas proveedoras”. Conclusión: deberán pagarla y además les doblarán el precio a los funcionarios penitenciarios por su comida diaria. Suponemos que el siguiente paso sera cortar las uñas a los presos para usarlas como biocombustible en invierno, atroz invierno se divisa. Y no solo en la trena.

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