La vida misma

Las Uvas de la Ira, una obra maestra y actual.

“…y en los ojos de la gente se refleja el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listas para la vendimia…”.

Tal vez haya algún psiquatra o sociólogo que desaconseje su lectura con lo que esta sucediendo, yo no. La relectura de Las Uvas de la Ira de John Steinbeck, autor de”Al Este del Edén”, ha sido para mi un placer desconcertante por cuanto su crudeza es elevada y aunque las desgracias, en el texto, parecen anunciadas, la alta calidad literaria lo hacen tremendamente sugerible. Basada en artículos periodísticos que había escrito él mismo en San Francisco, está considerada por muchos como su obra más lograda. En 1940, recibió el premio Pulitzer pero su éxito no estuvo libre de controversia: las ideas políticas de Steinbeck, crítico con el capitalismo y a favor de las reformas llevadas a cabo por Franklin D. Roosevelt con el New Deal para favorecer a la clase trabajadora, le conllevaron la condena del sector tradicionalista, sobre todo en su propio estado.

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Una familia de granjeros en arriendo que ve como todo su estado es invadido por tractores. Desaparecen los braceros, desaparecen los cultivos tradicionales. Los agricultores se ven expulsados por “la compañía”, un tinglado montado por los bancos aprovechando dos años de sequía durísima y una jugada maestra para incautar tierras. Ya estaba todo escrito entonces: cosechas quemadas, pequeños propietarios dinamitados por la presión bancaria y un proceso sin aliento ninguno para los granjeros. Son miles, decenas de miles, que desde el S. XIX, ocuparon ese estdo y se ven empujados a la carretera, sin nada, sin apenas dinero y obligados a vender todas sus pertenencias domésticas. La estructura narrativa es impresionante, Steinbeck suele tomarse unas páginas para describir el drama general, integra magistralmente conversaciones, leyendas y realidades, es casi como un doble libro dentro de una misma historia.

El elemento central es completamente humano. ¿Qué haría una familia con solo un pequeño camión desastrado donde cabe toda su vida?. No sin penurias mayúsculas llegan a la tierra de promisión de entonces: California. La de las grandes extensiones, valles llenos de frutales, haciendas inmensas, el trabajo parecerá fácil, pero no. Los californanianos sienten recelo de esas caravanas de viejos cacharros atestados de gente que sospechan les puede quitar su paz. Aparecen los grupos xenófobos, los sheriffs vendidos a los propietarios, los lobbies locales y por encima de todo regirá el hambre y se hará el dueño de la vida, las relaciones y el destino. La familia protagonista centrará su figura en una modesta campesina, la madre, con mayúsculas que luchará a muerte para que los suyos piensen siempre en una vida mejor. Un ex presidiario, un predicador desengañado, una hija embarazada, un padre derrotado por la realidad y un recorrido por los ancestros negativos de los EEUU en su versión política. Lo recomiendo, vivamente, las trazas del hambre y como este se instala en el riel por el que discurren los personajes es sublime y sobrecogedor, aquello no era ficción, sucedió realmente.

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