La vida misma

Diario de La Graciosa 12: Adiós cariño adiós.

Claro que hace más de una semana que hemos vuelto a nuestra redacción barcelonesa . . . Por eso ese post ha costado tanto, no hay color: nuestra redacción suele ser una terraza abocada al puerto y con un frontal impresionante, los Riscos de Famara lanzaroteños nos ponen al abrigo del mundo agitado y ahí es tan fácil escribir . . . Y luego tenemos nuestra redacción de contacto con la red. Un bar pequeño y alucinante, con unos bocadillos espléndidos y una amabilidad desmedida, de veras. Se confunde la tele a todo trapo con las conversaciones a todas horas y no hablemos de cuando juega el Barça, son culés a matar, perfecto. Y lo demás, si son habituales, ya lo conocen ustedes: la paz, la ausencia de ruido, sin coches y solo con el mar. Las aguas azul turquesa nos ofrecen espejos de calma magníficos. A eso añadiremos el horario que psicológicamente nos beneficia en una hora.

Desde ahí hemos seguido la actualidad con la red y el periódico suministrado por las excelsas chicas de la ferretería que allá es, junto con el bar el Veril la Samarkanda de las caravanas escasas de gente que andamos, hablamos solos con los volcanes, aguardamos con poca suerte a la fauna local y caminamos muchos kilómetros diarios cual desierto. Eso es el paraíso de los que vivimos atrapados por tres cosas: el magnetismo de los volcanes, el goce de las aguas y un denominador común: nos quedamos colgados frente al mar leyendo o pensando o con la mente en blanco. Adiós a las buenas gentes de Adena WWF, a la frutera, al horno, al diligente señor de la cooperativa de pescadores, a Sigi y Juani (su jeep y su gato), a Dani y su sobrino del Sea Taxi y a todos aquellos que siempre, a cualquier hora te saludan calurosamente. Eso, ya lo dijimos más de una vez que el paraíso es lo que uno cree que es y nosotros creemos que esta allí, ahora. Por eso desde hace ya muchos años llenamos los veranos con nuestro particular Diario de La Graciosa, es la época del año en la que quizá tomemos un formato más personal e intimista o cotidiano. Ahora ya hemos vuelto y ya la echamos de menos, me consuelo en lo que me dijo una vez un tripulante del banco sahariano: «Vuelva cuando quiera que la isla seguirá amarrada aquí».

Lo dice Michaux y se lo tomo prestado a Vila-Matas: » Nada más seductor que una isla. No hay nada en el planeta, os lo aseguro, que se parezca tanto a una nube como una isla. Nos dejamos atrapar cada vez por ella».

https://www.ousferrats.com/2009/05/07/diario-de-la-graciosa-1-volver-a-nuestro-paraiso/

 

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