La vida misma

El cansancio de Ratzinger y las luces de Leonard Boff.

La salud y el paso del tiempo han sido dos factores determinantes para la retirada de Benedicto XVI. Pero hoy ya nadie cree que solamente esos dos factores hayan sido suficientes. El cansancio y el hartazgo del sucesor de Pedro vienen de lejos. Una curia controlada por Bertone y los llamados «clan italiano» ha bloqueado sistemáticamente todas las maniobras de Ratzinger para dar a la Iglesia un nuevo giro. Todo arranca del tiempo cercanoa los últimos días de Juan Pablo II, pero con una diferencia sustancial. Quienes entonces se constituyeron en poder efectivo y electivo del Vaticano gozaban de su beneplácito y su conservadurismo. Ratzninger se ha movido en un campo ecuménico complejo, con una fuerte ascensión de las tendencias separadoras del acercamiento a las demás confesiones y con una política de intentar pasar por alto los crecientes escándalos relacionados con la pederastía en distintas congregaciones católicas mundiales. Solemos visitar la página de Leonard Boff, el teólogo represaliado por Juan Pablo II quién siempre aporta un punto de vista peculiar, doctrinal y espiritual. Pero no nos resistimos, esta semana solamente, a reproducir el encabezado de su artículo de hace dos semanas y que reproduce aquello que tantos piensan:

«Quienes han seguido las noticias de los últimos días acerca de los escándalos en el Vaticano, dados a conocer por los periódicos italianos La Repubblica y La Stampa, refiriéndose a un informe de 300 páginas sobre el estado de la curia vaticana, preparado por tres cardenales designados a tal efecto, naturalmente han debido quedar horrorizados. Me puedo imaginar a nuestros hermanos y hermanas piadosos que, fruto de un tipo de catequesis exaltatoria del Papa como «el dulce Cristo en la Tierra», deben estar sufriendo mucho, porque aman lo justo, lo verdadero y lo transparente y jamás desearían vincular su figura a las notorias fechorías de sus ayudantes y colaboradores.

El gravísimo contenido de estos informes reforzó, en mi opinión, la voluntad de renunciar del Papa. En ellos se comprobaba un ambiente de promiscuidad, de luchas de poder entre «monsignori», una red de homosexualidad gay en el Vaticano y desvío de fondos del Banco Vaticano. Como si no bastasen los crímenes de pedofilia en tantas diócesis, que han desmoralizado profundamente a la Iglesia-institución.

Quien conoce un poco de historia de la Iglesia y los profesionales del área tenemos que estudiarla en detalle  no se escandaliza. Ha habido momentos de verdadero desastre del Pontificado con Papas adúlteros, asesinos y traficantes. Desde el papa Formoso (891-896) al papa Silvestre (999-1003) se instaló según el gran historiador cardenal Baronio la «era pornocrática» de la alta jerarquía de la Iglesia. Pocos papas escaparon de ser derrocados o asesinados. Sergio III (904-911) asesinó a sus dos predecesores, Cristóbal y León V.

La gran transformación de la Iglesia como un todo sucedió, con consecuencias para toda la historia posterior, con el papa Gregorio VII en 1077. Para defender sus derechos y la libertad de la Iglesia-institución contra los reyes y príncipes que la manipulaban, publicó un artículo que lleva este significativo título «Dictatus Papae», que traducido literalmente significa «la dictadura del Papa». En este documento, él asumía todos los poderes, pudiendo juzgar a todos sin ser juzgado por nadie. El gran historiador de las ideas eclesiológicas Jean-Yves Congar, dominico, la consideraba la mayor revolución que ha habido en la Iglesia. De una Iglesia-comunidad se pasó a una institución-sociedad monárquica y absolutista, organizada en forma piramidal, que ha llegado hasta nuestros días.» Leonard Boff

A la expectativa de esa nueva situación creada el Opus, las distintas organizaciones católicas ortodoxas y de corte ultraderechista ya maniobran en Roma viendo si ganan, aún más, unas posiciones en la escalera de poder vaticana. El pacto está servido, Bertone les garantizará seguir mandando y exigirá la curia para él y posiblemente el sillón y la tiara papal. Posemos entender el cansancio del sustituto de Pedro, simbólicamente trazado en este altar de la barcelonesa basílica de Santa María del Mar.    (fotoBekaa/OusFerrats)

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