Merienda envenenada.

Me meriendo con esto: “La Audiencia Provincial de Baleares ha absuelto a Francisca Cortés La Paca, la matriarca del hampa de Mallorca, y a otros 38 acusados en el mayor juicio celebrado en Baleares contra el narcotráfico. El tribunal ha considerado nulos los pinchazos policiales efectuados para desentrañar una malla de correos de clanes del narcotráfico entre Mallorca y Barcelona y ha anulado las pruebas de los registros domiciliarios y (las incautaciones). Solo 11 de los 55 juzgados han sido condenados. La fiscalía pedía hasta 18 años de cárcel para la Paca, de 57 años y con cinco condenas. La Sala no ha tenido en cuenta las “declaraciones sumarias” autoincriminatorias que la narco realizó”.

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Se me atraganta el pan ácimo de la Conferencia Episcopal y el chocolate de leche de vacaloca, los cromos de Bankia se me los lleva calle abajo un golpe de viento que, cual minitornado judicial se ha desatado en mi modesta guarida, no sé a donde ir. Si cierro la ventana tal vez no llegué a tiempo de evitar que el poster de Urdangarín caiga en mi acuario lleno de barracudas Aznar. Mientras lo pienso, la pantalla tintinea, llaman al timbre, tengo miedo: ¿Y si son los exorcistas de Rouco Varela que van casa por casa?, ¿El raro vecino ruso, será un agente de Putin dispuesto a envenenarme los boquerones?. Me quedo paralizado en el centro de la estancia, levanto la vista y veo en el periódico a un Oriol Pujol sonriente, yuyu y más yuyu. Al fin consigo cerrar la ventana, miro temeroso al Tibidabo y veo que aún no luce una camiseta de CiU. Respiro hondo y tomo el periódico haciéndome creer a mi mismo “que no pasa nada”.

Solo me queda escribirles, pedirles una opinión o una respuesta, si a la Paca le hacen ese lavado de estómago judicial ¿qué no harán con el urdanga, el Millet, el Oriol, el Gürtel, los botellos, la Cristinacaixa o la Rita?. Me queda el juego de escribir una carta expresando mis no buenos deseos para ellos, apretar fuerte el papel, doblarlo y depositarlo en un sobre, si Bárcenas ha dejado alguno vacío. Miro arriba de los anaqueles, me voy, me espera Borges para contarme la fundación y la verdadera historia, o no, bonaerense, de como se fundó el barrio de Palermo. Gracias Jorge, nuevamente me sacás de la mierda.

 

 

 

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