Vota y calla españolito, todo lo demás es «violencia».

El mensaje está muy claro, la abdicación del Rey Juan Carlos I ha puesto en evidencia que el complot de lo que llamamos poder en global es muy claro: ni una voz, ni una opinión. Cuantas menos mejor, como está el país, que la propia editorial RBA se autocensura ante una portada de semanario humorístico. Como indica hoy Escolar hay que rendir méritos a los dibujantes que a costa de riesgos han abandonado «El Jueves». Esta es la foto: un país al que se pretende acojonar por lo civil, lo mediático y lo militar. Ese esfuerzo continuo por acallar, por meter en el sitio «legal» cualquier opinión huele mal. Casi tanto como que 200 ministros constituyan una fundación apoyando a la monarquía; se llama España Constitucional. Solo hay que ver a Fabra y a la alcaldesa de Valencia haciendo de anfitriones ante las obras rotas de Calatrava. Toda una declaración de intenciones de amigotes de Gürtel o personajes como Rodolfo Martín Villa haciendo de portavoz junto con socialistas reconocidos amigos del pecunio. El stablishment se defiende de la indignación y aprovecha el clima peloteante.

14021396732588-1El bombardeo propagandístico no ha hecho más que empezar, todo es una gran pantalla que se basa en la legalidad establecida, defensa a ultranza de una Constitución vigente( a la cual se calcula no le voto el 60% del censo actual) y «peligros», muchos «peligros» en forma de Podemos, autonomías, Catalunya, Euskadi, manifestarse, republicanos. Y claro, desde la muralla del poder todo es más sencillo, nadie se cree que el 91% de entregados que van a votar en el Congreso de los Diputados, represente el sentir del país. Pero el problema ya no es saber cuanto republicano hay, cuenten con que Aznar es uno de ellos, el problema es que el discurso uniformante gana terreno y parece claro que para los políticos españoles el máximo derecho del ciudadano es votar y nada más.

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