La vida misma

Un militar alto, triste y aburrido reina en España.

Un militar triste, alto y aburrido, de pie, en el Congreso, nuevamente una sombra con gorra y galones … eso es lo que Franco legó y eso es lo que sigue. Podríamos preguntarnos si eso era lo que nos merecíamos, pero sería una pregunta demasiado católica. La ceremonia de la coronación es la iconografia de que se ha hecho en este país que en algún tiempo, con sobresaltos y con miedo llegó a parecer libre. De pie, frente al estrado y aplaudiendo los mayores dilapidadores de libertad que hayamos tenido: la mayoría de los políticos.

Ese es el balance que hacemos en la redacción de esa gran operación que la proganda oficial llamó la transición y que, como renombra Julio Anguita, no fue más que la «transacción». Curiosa lucidez la de Anguita cuando fue Santiago Carrillo y el PCE, al que él pertenecía, el primer vendedor de las libertades a cambio de existir. Sí, tan sólo para existir, el PSOE y el PCE fueron destruyendo la izquierda, utilizaron los sindicatos para frenar el potentísimo movimiento obrero de los 80, arramblaron con los movimientos ciudadanos después de las primeras municipales ganadas por la izquierda y fueron imponiendo una «modernidad» que nos llevó a la OTAN y a ese monstruo corrupto que se llama la Comunidad Europea agobiados por el complejo de que era la forma de abandonar el atraso.

felipinEl atraso es hoy y se hizo patente no tan solo por la coronación del sexto Felipe sino por la impunidad de su padre que es, en sí misma, el mayor desprestigio del estado de derecho en nuestro país, la forma de decirnos que la Constitución es un papelito que solo sirve para algunos y la mejor prueba del retroceso de las libertades en nuestro país. España, gobernada por la derecha más ácida y católica, se dirige hacia un estado autoritario y centralista, discriminatorio y religioso; adjetivos que podríamos aplicar al gobiero de Al Maliki en Irak. Para este viaje no hacían falta esas falsas alforjas. La abdicación de Juan Carlos I ha sido el mismo proceso y la misma medicina que se aplicó a Adolfo Suárez. Al señor le sentaron en un cuarto y le obligaron a dimitir. A ese Juan Carlos campechano que corría por los emiratos hace solo cuatro semanas también lo metieron en un cuarto y le hicieron firmar. Están al caer demandas de paternidad que pondrían en cuestión la primogenia de Felipe como legítimo heredero, el caso Urdangarin, la separación oficial de Sofía, la caída imparable de la monarquía en las encuestas. No, el negocio de los políticos y los lobbies no podía aguantar tantos golpes, había que dar un golpe de timón. Las fotografias aéreas de la Plaza de Oriente y las calles escasamente llenas de Madrid son la última encuesta social de que esa monarquía proclamada solo interesa a quienes viven del stablishment constitucional. Por si había alguna duda la estampa del Rolls de Franco paseando a sus regios ocupantes ya nos lo deja claro, lo que decía la abuela: los mismos perros, distintos collares.

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