La vida misma

Ana María Matute, nuestra luz de tantas cosas.

La última vez que oí hablar en público a Ana María Matute dijo, como siempre, muchas cosas interesantes, pero recuerdo especialmente esta: «Sólo de una cosa me averguenzo: de pertenecer a la especie humana». Y aunque sabíamos que esto formaba parte de la narración de la vida , su muerte nos deja un reguero de cuentos, novelas e historias que profundizan en la condición humana y especialmente en la infancia. Su escritura y sus historias, a riesgo de parecer a primera vista simples, sorprenden al lector con pensamientos, opiniones y visiones descriptivas que le pueden situar en el reflejo lejano de un pensamiento infantil. En esa capacidad que solo la observación de un niño y su tremenda sensibilidad encienden la aparición de esos fogonazos y retrotrae al lector a pensamientos propios a visiones, olores o luces que solo saben a eso cuando veíamos las cosas desde un lugar muy bajito, aquel lugar que nunca dejaremos y se llama eso: infancia

ENTREVISTA A ANA MARIA MATUTETambién recuerdo a Ana María entrando altiva en una sala de conferencias cons su bastón y su Kardhu, su whisky preferido. Locuaz, perspicaz, rotunda, hablaba estirando sus dedos largos y dibujando en el aire figuras que describía en su narración: «Las monjas me decían: Matute eres igual que tus hermanos, pobrecillas, no sabían que yo estaba fascinada de admiración por ellos. Las pobres eran idiotas». Solía explicar que los castigos en un cuarto oscuro eran un desencadenante en ella de imaginaciones, personajes, lucecitas, ideas. Ana María entrecruzaba el mundo de la narración, la crudeza del bosque, ese espacio fundamental de los cuentos, la belleza en la luz solar, el frío, Ana María tiene cantidad de referencias al frío en sus múltiples presencias: la helada, el granizo de lluvia, la nieve plana de la tormenta constante, el manto del frío como antesala de la muerte o el peligro. El frío como introductor del miedo que se corporiza erizando la piel y estremeciéndolo.

Desde la infancia y la adolescencia Matute estableció su torre vigía de la vida, las estancias de su narrativa no son fáciles, sino adustas, desvencijadas y detenidas muchas veces en un tiempo que también detenía a las personas: en sus vidas, en sus guerras, en el llanto interno congestionado por la contienda civil y en su trabazón en sus obras con los personajes fantásticos y clásicos de ese género maestro en ella: el cuento.

Así definió qué es para ella escribir: «Una forma de salir de uno mismo y viajar a lugares que nunca había sospechado». A la hora de hablar sobre la infancia, uno de los temas fundamentales dentro de su obra, Matute dijo que de alguna forma sus personajes infantiles son una crítica a la educación de la España de su niñez. «En aquella época, los adultos no entendían que los niños tenían derecho a ser ellos mismos. No entendían que los niños son niños y nada más». La escritora Juana Salabert, que dijo admirar y adorar a la autora deOlvidado rey Gudú, recordó que los personajes infantiles de Matute también pueden ser malos, como por ejemplo la niña de su cuentoFausto. «Los niños en mi obra son crueles porque la vida misma y la naturaleza son crueles», le respondió. La recuerdo cariñosa firmándole un libro a mi hija y levanto la vista a mis anaqueles, en los cuales ella reina en abundancia, y les mando un guiño, porque se que no te has ido, sé que siempre estaré en tu bosque.

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