Diario de La Graciosa 2014: Volveremos pronto.

farionesCuando la proa del Graciosero, en una mañana cerrada y de Atlántico movida encara la bocana de Orzola significa que se rompió el sortilegio de la paz, la magia del cuerpo flotante y la pericia del alma para costear entre deseos lúdicos de toda índole. Ya lo sabíamos, pero nunca podemos dejar de girarnos a estribor para, pasada la Punta Fariones, despedir a la isla con un beso y un interno: “Volveremos”.

orzolaDejamos atrás nuestra isla preferida y encaramos el otoño volviendo a esos lugares donde la gente va de prisa, tanto apuro hacia ningún lugar, y volvemos a ver homeless, guiris a mansalva y toda suerte de tipos y personajes del catálogo Valleinclanesco; decididamente pisamos la ciudad de los prodigios. Atrás queda esa maravillosa rutina de no hacer nada, solo aquello que sea imprescindible al continuar viviendo en el marco de lo que se quiere. Nuestra alma salta la distancia y pisar La Graciosa es como volver a uno de los patios de nuestras casas. Cons sus ropajes de paisaje, su belleza descarnada y aún tan natural, con su imprescindible y roncador Atlántico que en cuanto se pone el sol nos humedece sacándonos de la terraza donde apacibles viajamos, sí porque desde nuestra terraza viajamos leyendo, lejos, muy lejos.

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Dejamos atrás nuestra improvisada redacción en el comedor, nuestro “despacho” de la hamburguesería Los Mateos, ese lugar culé y entrañable, donde se puede considerar que sea la alcaldía, al Veril lo vemos algo bajo de tono social, aunque su terraza es un lugar de cortado y lectura o charla a media tarde. Que les diré de las chicas de la ferretería: eso es un cursillo de Marketing social y de trato entrañable que el paso de los años ha ido cimentando. El calor y sabor del horno, en realidad potente pastelería, las tiendas escasas y cálidas de colas interminables porque el ritmo calmo y la conversación preceden a la prisa. Y a parte de saborear paisajes y de volver a tantos sitios queridos nos vamos con el sabor de la buena gente graciosera y los amigos entrañables que aquí hemos ido perfilando. Pronto volveremos a reencontrarnos si los dioses son magnánimos, pero llevamos un desierto de arena, la mirada de los alcaravanes, los líquenes de las calderas y nuestra pequeña Florencia de Alegranza. El libro que nos regaló Alexis y las tertulias con Katy. Ha sido hermoso, potente y amistoso.

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