Mi primo Lluís de l’Oliveta, Peret y aquel Paral·lel…

Mi primo Lluís era bajito y rechonchete. Sus padres regentaban un bar restaurante clave en el paralelo barcelonés de los 50: el bar Oliveta. Hoy es un local genialmente cuidado desde los 80 por Mateo y família, gente de Cádiz: alegria, buen humor, calidez y materiales sensacionales. Pero el Oliveta que yo recuerdo era un hervidero de artistas y bohemios, se podía comer por muy poco o “dejarte el reloj” en la cuenta. Pasé en ese local lleno de mármoles algunas tardes de mi infancia y asistía, con curiosidad a ese ir venir de gente que a mi edad, 8 o 9 años no se veía Paralelo arribar. Lluís y Pepita me querían, nunca tuvieron hijos, y adoraban a mis padres que pasaban momentos delicados. Muchas tardes Lluís salía con la bandeja llena de comidas y bebidas hacia los camerinos del teatre Cómic o el Apolo o El Molino. Tardaba en volver y al parecer lo hacía maravillado de lo que veía: alguna teta, unas piernas esculturales de metro cincuenta y unos culos tan perfectos existentes en algún harén lejano. Lo farfullaba en voz baja y tardé años en entenderlo. Se rumoreaba que alguna propina o aplazamiento era a cuenta de algún manoseo… ya saben leyendas, que a veces son verdad, o són aún más de lo que se cuenta.

1270638248160En esa misma calle, la calle Poeta Cabanyes, vivía más arriba un muchacho que fue a Eurovisión y que se hizo famosos con su guitarra, se llamaba Joan Manuel Serrat. Luis le conocía, como conocía a muchos artistas del Pueblo Seco de aquellos años. Pero la vida dió vueltas, Lluís traspasó el negocio familiar, vivía holgadamente de rentas y era feliz, algo inocente según mi madre, haciendo de ayudante de pescadores de Torredembarra. El destino hizo que en los 80 un servidor se sentara en esas mesas como cliente, en el Oliveta, junto con amigos como Pau, Pilar, Manuela, Tomás Biosca, Morgan o Marisa. Toda la Gauche del barrio pasaba por allí. Era frecuente los domingos ver a Jaume Sisa, al que idolatrábamos por sus actuaciones y su anarquismo sui generis, comiendo con su anciano padre. Antes de morir Luis me dijo que de todos los artistas que conocía Jaume Sisa y los Pubill, una familia gitana de vendedores de ropa, eran con los que había tenido mayor contacto humano.

Se trataba de la verdadera família de Peret, el Peret que se nos ha muerto, a los que a veces encontrábamos tomando un atún con mayonesa en la barra de los Pajaritos, en la Ronda junto a la calle de La Cera, junto con la calle Tordera y la Plaza Raspall, ambas de Gracia, epicentros de la rumba a los que sacudió ese que se marchó tan pronto: Gato Pérez. El catálogo de amistades de Luis era imponente y en él se incluían los actores teatrales de la época, pero el siempre fardaba de haber conocido y tener amistad, y la tenía, con Ethel Rojo, Samantha, Tania Doris o Lita Claver. Luís murió hace casi veinte años pero en mumerosas conversaciones, ya adulto el que escribe, me desgranó las bambalinas de un Paral.lel que no puede volver porqué el espectáculo o como ellos decían “los cómicos” son otra cosa. Un beso Luís, seguro que Peret y tu os habeís encontrado y componeís el puzzle de aquella familia Pubill vendedora de tejidos cuyos hijos corrían entre las mesas de mármol mientras tú les llamabas la atención.

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