La vida misma

Cuento de Navidad: Pedro vuelve en positivo.

«Le llamaremos Pedro para anonimarlo. Hace más de 25 años que levanta la persiana de una tienda de detergentes, perfumes y productos para el hogar. Habita el bordillo que hay junto a la tienda y siempre tiene a mano una carretilla para subir a las casas los pedidos de los clientes. Da igual la cantidad, el peso o el importe. El tiempo lo ha puesto orondo, enrojecido y con una barriga de trailer que se adelanta a su humanidad. Cuando habla contigo lo hace en tono bajo, como si alguien lo estuviera escuchando, suele apasionarse cuando habla de su Barça. En tiempos victoriosos de su club de amores suele ser la tortura de todos aquellos comerciantes, vecinos o transportistas que el sabe que son perfectos madridistas. Durante estos años sus conversaciones suelen girar sobre el deporte, la policia municipal o el tiempo. Unos de esos días me contó, al pairo de si podría facilitarle una habitación, que vive realquilado en casas de escaso porte con habitantes de la tercera edad.»

badalopedroEso escribíamos en junio de 2008, desde entonces Pedro ha sido protagonista de algunos de nuestos posts. Pedro es la literatura que nos encontramos en la calle y que tratamos de cocinarles con cariño. Pero Pedro es un orco de esa inmensa legión de desempleados golpeados por la vida. A Pedro le cuesta llegar a final de mes. El mar de Badalona le acarició una infancia feliz y trabajadora en la que no faltaba de nada: un padre autoritario y hacendoso, una madre que recogía en su delantal todo el afecto y la dificultad de sobrevivir en aquel franquismo. Pero lo lograron. Pedro creció jugando a pelota junto al puente del petróleo de Badalona y se hizo adulto en el club de lucha y boxeo badalonés al cual asistían todos los hombres de la família. Su mayor experiencia personal fue el servicio militar y las mujeres son algo que solo conoce previo pago.

Cuando cerró la drogueria en la que trabajaba, hace unos seis años, Pedro encontró trabajo en un almacén badalonés, pero su mayor dificultad era que tuvo que mudarse de casa pero tomó la determinación de seguir viviendo en el barrio barcelonés de toda la vida. Su vida ha sido de realquilado y los conflictos con las mujeres mayores con las que suele vivir han añadido otro Vietnam a sus particulares infiernos. Me doy cuenta al repasar la hemeroteca dels Ous que Pedro ya fue el artífice de nuestro cuento de Navidad de 2011. Entonces su estado era penoso. Se despidió de mí asegurándome que se iba a tirar a los coches de la calle de Entenza, le convencí más o menos pese a que parecía decidido, le tuve que decir que él era paisaje del barrio y que no me podía hacer esto, ni a mi, ni a los vecinos. Me contestó que se lo pensaría pero que estaba muy decidido. Días después me lo encontré y nos abrazamos, apestaba a cerveza, me besó repetidamente, ante la inexplicable mirada de pako el peluquero y las chicas de la tocinería, y me agradeció lo que llamaba «tus ánimos». Desde entonces hemos coincidido algo así como tres veces por año y no estaba mal.

pedroAyer me lo encontré en plena avenida de Mistral. Iba guapo, cuidado y planchado, completamente afeitado y con olor de perfume de outlet. Me agarró por el cuello, me miró a los ojos y me dijo: «Gracias guapo, tú sí que me quieres, eres como el hermano que ya no tengo, ahora te tengo a ti y te lo agradezco, que seas muy feliz tú y tu mujer». Nos abrazamos, casi me emocioné un poco, me alegraba ver a Pedro tan feliz y tan bien. Y pensé que ya era hora de obsequiarles a ustedes con un cuento que no es ningún cuento, con una narración de la vida real que parece ha retomado camino. Tal vez hasta la próxima cerveza, hasta el próximo hastío de alguién que le trate mal, pero hoy, y ayer, Pedro era feliz. Y no es por la insoportable Navidad, es porque Pedro se siente querido. Yo le quiero y seguro que ustedes también, siempre ha sido un proveedor de contenidos de no ficción dels OusFerrats.

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