Crónica de la peste: La catástrofe súbita.

No dio tiempo, pese a las trompetas de los ángeles negros, aunque los hados mediáticos le habían extirpado el hígado al animal de la actualidad y en los templos las cabezas inclinadas seguían rituales dudosos, los fieles aprovechaban cualquier ocasión para atisbar a donde fuera. Buscaban una luz, una simiente, una esperanza que les hiciera salir del brebaje de series en el que vivían. Entonces se dieron cuenta de que nada de lo previsto había podido prever nada y que nada de lo prometido, como intuían, iba a materializarse nunca. Pero ahora estaban ante el espejo y más que su propia imagen les asustaba lo que había detrás. Daban miedo los militares pensando que hay otra guerra, ni que fuera con un virus microscópico. Daban pena los políticos oportunos a engordarse de carne de virus.

Los tipos del “yo ya lo dije”, los mismos idiotas que sirven para entrenador de fútbol o presidente del Gobierno de las tapas y los carajillos se vestían de virólogos para alumbrar lo que ya sabíamos “Si quieres hacerte rico fábrica cajas de muertos, la única inversión segura es un tanatorio…”. Al otro lado de la imbecilidad procuramos no apestarnos de inconsistencia. La apuesta de algunos políticos es la misma que la del idiota de turno: apostar a que no se ha hecho lo que “él” decía y luego cobrar factura de muertos en forma de votos, tirar cadáveres a la cara del enemigo. Y mientras la prole sanitaria lo da todo, día a día, hasta la vida, por la población, cumpliendo, verdaderamente, sus principios humanos y profesionales. Acabamos de empezar y hemos de subir la curva, es empinada, circulemos con precaución mental.

Algunos albergan también la esperanza de un cambio de vida, de conceptos, de costumbres…uy, uy, uy…esto puede ser esperar demasiado de la crisis. Veo al capitalismo lo suficientemente enterito como para esperarse un tiempo, no mucho, menos del que desean los epidemiólogos, para ponernos a todos a recuperar sus beneficios. ¿Recuerdan cuando decían que habría un antes y un después de la crisis de 2008? En fin, suerte de que pese a la educación egoísta y centripeta del sistema hay gente con valores de compartir…pero no sabría decirles si llegamos al 50%.

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