Crónica de la peste: 2000 ataúdes votantes en la Puerta del Sol.

Fue el guerrillero y militante izquierdista, luego acusado de saboteador y contrarevolucionario, Regis Debray, quien profetizando sobre la guerra de Afganistán afirmaba que si los afganos eran capaces de plantar, en una sola jornada, cien ataúdes en la Plaza Roja la guerra estaba ganada. Y no acababa de descubrir nada, el goteo de féretros obligo a la URSS a una retirada maquillada, pero fue una derrota.

Esa fue una de las causas importantes que precipitaron las crisis en los EEUU de la guerra vietnamita: al margen de las revueltas estudiantiles y los black power: otra vez las llegadas de ataúdes. No vayamos tan atrás, les pasó lo mismo con la guerra de Irak. Sin duda el patriotismo dura poco, muy poco cuando se queda sin el vecino de delante o cuando a tu sobrino le vuelan los sesos, por no hablar de cuando vuelven tetrapléjicos o ciegos. Las guerras son así, pero la ciudadanía acaba odiando a los dirigentes que las instigan.

La derecha retrógrada española parece haber tomado el camino de la táctica de los ataúdes. Quieren revisar el censo de difuntos, desconfían de las cifras oficiales, avisan de que esto es “una matanza” provocada por las negligencias e incapacidades del gobierno comunista PSOE-Podemos”, presentarán un informe científico, en sus palabras, que demostrará que la manifestación feminista de Madrid, de suspenderse, hubiera ahorrado 2000 muertes. La presidenta Ayuso, encerrada en un hotel madrileño, no da ruedas de prensa, lanza faroles sobre aviones chinos que tampoco han llegado según lo prometido. Aznar avisa de que España se prepara, debe ser él y FAES, para ser “bastión europeo contra el marxismo”.

Está clara la estrategia de PP y Vox: los muertos pueden votar. La acumulación de defunciones, el cuestionamiento de todas las medidas tomadas y el fuerte apoyo de sus medios les puede garantizar un strike genial para sus intereses. Bien mezclado todo con fake news, puede poner en crisis la política que se presentaba monótona, de cuatro años de Sánchez en el poder, a lo sumo, lo máximo que podía pasar era un conflicto entre Podemos y PSOE; pero debían tragar cuatro años. Ahora no, la derecha ya está en marcha: denuncias por homicidio imprudente y por la acusación de prevaricar e impugnación a ministros. Se trata de hacer una hoguera, una gran falla donde quemar los ninots gubernamentales. La patronal ya enciende las mechas, la banca se friega las manos, Europa va a colaborar, la derecha es mayoritaria en Bruselas. Solo me pregunto que piensan hacer desde el gobierno. En Catalunya el “Madrid ens contagia” está flojo, pero los planes de Puigdemont pueden ser coincidentes con los de la derecha nacionalista española. Los ataúdes del 11M derribaron Aznar, ahora ellos pretenden derribar a Sánchez con los ataúdes del Covid19.

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