Crónica de la Peste: Nadie los vio llegar! aunque son los “culpables”. Holocausto escondido.

La ruta de los temporeros y de la fruta marca, en parte, solo en parte, el mapa de rebrotes espectaculares de la pandemia que nos azota. En la zona de la Franja, el límite entre Aragón y Catalunya, eso es algo a lo que son ajenos los temporerso. Se desplazan según la cosecha, la contratación o el lugar donde los rumores inciertos señalan que hacen falta más brazos. No les exagero si les digo que si ustedes se adentran en esa realidad contemplaran escena propias de la novela y película memorable: “Las uvas de la ira” (Grapes of the wrath). El control del flujo de inmigrantes en la temporada de recolección de la fruta es complicado ya en campañas normales. Esos temporeros se mueven entre provincias limítrofes (el trasiego entre comarcas del sur de Huesca y sur de Lleida es constante), duermen en albergues donde resulta imposible la distancia social o en casas sobre ocupadas por decenas de inquilinos. Y en horas de descanso frecuentan los mismos bares. Su circulación va ligada a su supervivencia, no vienen aquí a trabajar para ahorrar, casarse o comprarse una finca,no; vienen a comer para no morir de hambre.

Serigne Mamadou: "12 horas por 25 euros"
Serigne Mamadou: “12 horas por 25 euros”

Los respectivos gobiernos autónomicos catalán y aragonés, indisimuladamente derechistas y protectores de sus “votantes”, siempre han mirado hacia el otro lado, desde hace décadas el transporte, cual animales, de seres humanos les ha importado un comino. Uno se pregunta como en miles de kilómetros nadie ha reparado en esos autocares, en sus ocupantes, en que siempre circulan al anochecer y amanecen a cientos de kilómetros de donde partieron. Pues no, en todo esos recorridos… ni una frontera, ni un polícia, ni un Guardia Civil. En plena era de los drones, las cámaras y los GPS… cuando interesa vivimos en Matrix y cuando interesa estamos en un páramo medieval.

Granja en Aitona (Baix Segrià) Lleida.
Granja en Aitona (Baix Segrià) Lleida.

Tendrá razón mi amiga, que estuvo años viviendo en la Comunidad de Murcia cuando me contaba: “Los reunen en solares de las afueras de los Alcázares, Murcia capital o San Javier. Les suben al autobús con un bocadillo y 15 euros y los bajan en Barcelona en la estación del norte. Solo que una vez allí nadie los espera…”. Ese tráfico de personas perverso y dictatorial se sigue practicando aún hoy. Uno escucha en la radio que hay empresarios que contratan con corrección, los menos. La mayoría usa el mismo procedimiento, a las cinco de la mañana en una plaza de cualquiera de las localidades fruteras catalanas, prácticamente se les revisa el aspecto físico, contrato a tanto el dia, muchas veces 12 euros por ocho horas. Así es como quejosos agricultores sacan sus beneficios. A cambio desde hace décadas se ha cristalizado un problema social de primer orden. El Diario.es recoge el asombro del alcalde de Bilbao: El alcalde de Bilbao se preguntaba hace poco “por qué se está enviando tanta gente” a su ciudad. Este periódico ha conversado con varias personas de diferentes entidades que han presenciado los traslados desde los lugares de llegada en costa (Granada, Cádiz, Málaga, Algeciras, Tarifa o Motril) hasta el norte de la península, bien a su salida o bien a su llegada.

Se llevan décadas haciendo entrar gente como mano de obra ilegal. Cobran por debajo, no están legalizados y luego los abandonan a su suerte. Entonces el globo del conflicto se ha hinchado. ¿Cuántos empresarios llevan décadas engordando sus cuentas con trabajo ilegal, dinero en negro tributación y cotización cero? Mi padre contaba como en los años sesenta, y una vez me lo llevó a verlo, en la plaza de Urquinaona de Barcelona aparecían dos camiones de Nuñez y Navarro, la constructora del ex presidente del Barça, y se llenaban de magrebíes que estaban esperando en los bancos. Luego los repartían por las obras de la ciudad.

Propongo que se haga una comisión de estudio que estime todas las vulneraciones de derechos realizadas por las empresas que han contratado ilegalmente, que se haga una cuantificación del dinero defraudado a Hacienda y a la Seguridad Social, que se pidan responsabilidades sociales, cívicas y económicas y que según el grado de esquilmada producido se penalice jurídica y económicamente a las empresas. Este es nuestro holocausto escondido: una matanza de deberes y derechos realizada con el gas de la complicidad y el veneno del miedo, esclavismo puro y conflicto social que luego nos piden repartir “entre todos” cuando ellos ya se han forrado sin cumplir ni un obligación. Es un silencio acordado entre medios, políticos y periodistas. Llevamos mucho tiempo viendo como ese holocausto pasa por delante nuestro. Podemos empezar difundiendo esos bocetos que les he destilado y reflexionando sobre que nuesytra economia lleva un lastre escondido, un pasado que ya no se quiere ver. Ahora estigmatizar temporeros será un deporte que tapará, nuevamente, su extorsión hasta límites vitales insospechados por zorros disfrazados de emprendedores.

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