Degollar profesores, algo que Ciudadanos también intentó con la espada de la mentira.

Puede que sea la costumbre, la acumulación, el momento, pero la repulsa ante el terror y el asesinato religioso del profesor francés Samuel Paty han sido nimios, tibios y casi de indiferencia en el resto de Europa. En su propio país la respuesta de los enseñantes y los profesionales de la docencia ha sido numerosa, con movilizaciones propias de un movimiento sindical fuerte, que siempre lo ha sido. No es el caso español. Se ha tratado en los medios como una noticia más del terror yihadista. Uno echa de menos la defensa de aquella palabra que lamábamos “libertad de catèdra”.

¿Y de qué estamos hablando? pues de que la libertad académica incluye la libertad de los profesores, estudiantes e instituciones académicas de tener como meta la búsqueda desinteresada de la verdad y del conocimiento, sin importar hacia dónde conduzca y sin una interferencia indebida o irrazonable. Entre otros derechos, la libertad académica incluye la libertad de trabajar en todo el rango de actividades relacionadas con la producción de conocimiento y búsqueda de la verdad, incluyendo la elección del tema de investigación, la elección de lo que se enseñará en clase, la presentación de los hallazgos a compañeros y su publicación. Esta definición, que les copio de Vikipedia, va esencialmente referida a la enseñanza superior entendida como univesitaria.

No obstante en el año 2017 el partido politico español Ciudadanos emprendió una feroz campaña contra los profesores catalanes acusandolos de “adoctrinar”. Fue una jugada, un giro político en connivencia con la Guardia Civil que estaba instruyendo una especie de sumario para demostrar que lo que había pasado con el referendum catalán era producto, entre otras cosas, de las mentes retorcidas de enseñantes que, a base de clases-lavado cerebral, crearon kamikazes independentistas capaces de romper con España ni que fuera aserrando el río Ebro. Pero ahí tropezaron con la vocación humanista de la escuela catalana. Ese humanismo viene de muy lejos, de la guía de Francesc Ferrer y Guardia, del Conselll de l’Escola Nova Unificada (CENU) en el periodo republicano, de las numerosas maestras que durante el franquismo en los 50 y los 60 dieron vida al metodo Montessori, en silencio, trabajosamente, de forma renovadora, recuperaron actividades, renovaron la escuela y la lengua catalana volvió a fluir. Catalunya en general está orgullosa de su escuela y esta ha sido, especialmente, un lugar de humanismo y de divulgación de la paz.

Por ello el caso del instituto IES El Palau que pretendían se extendiera al resto de la comunidad catalana se quedó ahí. Nadie habla hoy de la talibanesca actitud de Ciutadans, Societat Civil Catalana y sectores de extrema derecha que trataron de hacer una guerra contra la escuela catalana y su convivencia. Decenas de hijos de guardias civiles llevan décadas estudiando en ese instituto y continuan. En su momento Ciutadans llegó a colgar en su página web formularios para denunciar profesores catalanes. Ahora, tres años después se han archivado las tres denuncias que quedaban pendientes. Pero el daño causado a los profesionales y a esa comunidad escolar ha sido grande. Pero ahora los degolladores de boquilla están en otra parte, preparando nuevas mentiras, entran en Moncloa y apoyan al gobierno del PSOE. Ninguno ha pedido perdón por los daños causados y algunos de esos profesores han padecido enfermedades y daños psíquicos. Cuidado con los talibanes de boquilla.

 

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