La Cocina Cristiana de Occidente: Empeñando un emperador como pago de banquetes…

En la historia de las cuentas nuca o muy tarde satisfechas hay la que narra Alvaro Cunqueiro y que puede hacernos pensar en como rescatar para el tesoro hispano todo aquello que un rey se ha llevado.

Cuentan de los electores centroeuropeos que se reunieron para elegir en Maguncia al rey de romanos. Electo este habían transcurrido ocho meses más doce noches comiendo, bebiendo y discutiendo emperador. Tantos eran los meses transcurridos que las deudas de tan opíparas comidas llenas de vino y cerveza, tocinos, pavipollos y tartas de manzanas…El emperador electo estaba sin blanca (dicen que era de la casa de Habsburgo).

Los hosteleros y taberneros de Maguncia se amotinaron reclamando sus dineros, los electores se reunieron y acordaron dejarles en prenda al emperador. Los maguntinos eligieron un confiscadle del imperio y se cobraron las rentas de la Sacra Cesárea Majestad. Los siete electores y su séquito habían comido dos mil cerdos, vintiséis mil gallos y gallinas, tres mil libras de manteca, seis mil de tocino, dos mil truchas, ochocientos faisanes, ciento cuarenta corzos, dos mil corderos… El vino y la cerveza pasaban de dos mil barricas…No tendría blanca el Emperador, pero para que los de Maguncia lo aceptasen en prenda de tales banquetes, no cabe duda de que era todo un emperador.

Tardó seis meses en desempeñarse, y en esos seis meses vivió a costa del obispo, comiendo olla podrida de Zollhaus, truchas del Rin y mantecadas de las clarisas, bebiendo vino blanco de Kapellenberg, el vino episcopal de Maguncia, un vino fresco, que en su frescura esconde un suave calor que, pocos poco, va volteando la cabeza y enredando las piernas.

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