Tu sueño ya está en el mercado, el capitalismo va a por él. (1)

Publicamos en 2014 extractos del trabajo interesantísimo de Jonathan Crary y como despliega su analísis que sostiene el lento però constante camino del capitalismo para hacer de los productivos unos perfectos 24/7, o sea: estar disponible al proceso productivo siete días a la semana las 24 horas. Les dejamos con el primer resumen:

He seguido algunos trabajos de Jonathan Crary, pero ninguno me ha sorprendido tanto como sus reflexiones recientes sobre el sueño. Según Crary El Departamento de Defensa de estados Unidos está destinando años y millones al estudio del gorrión de garganta blanca. A diferencia de sus congéneres está variedad posee la muy poco habitual cualidad de mantenerse despierto hasta siete días seguidos en época de migración. Tal comportamiento le permite volar y navegar de noche y buscar alimento durante el día sin tener que descansar. Investigadores de diversas universidades han recibido fuertes aportes económicos para estudiar la actividad cerebral de estas aves en sus largos periódos de privación de sueño con la ambición de obtener conocimientos transferibles a las pautas humanas. El objetivo es profundizar en métodos que permitan que un combatiente pueda seguir siendo operativo sin dormir con el objetivo, a más largo plazo, de duplicar ese lapso de tiempo sin dejar de conservar altos niveles de rendimiento físico y mental.

Hasta el momento los medios de los que se disponía para producir estados de insomnio siempre han sido acompañados por déficits cognitivos y psíquicos (reducción acentuada del nivel de atención, por ejemplo). El objetivo de la investigación no es descubrir las maneras de estimular el estado de vigilia, sino de “reducir” la necesidad corporal de dormir. Ustedes ya saben del clásico que reza que los descubrimientos militares acaban comercializándose y aplicando al conjunto social. Los productos “sin sueño” promovidos por las farmacéuticas a partir del crack del 29 empezaron a presentarse como una “opción de modo de vida” y han acabado creando adictos y otras consecuencias colaterales nada deseables. La farmacopea empuja a “seguir” el ritmo de vida y no cuestionarse si ese es el más adecuado y el que desea el individuo, se trata de “no pares, sigue,sigue…”.

En el articulo abunda el autor en la necesidad que tiene el sistema explotatorio de considerar el sueño como una profunda inutilidad que tiene el efecto de ocasionar incalculables pérdidas en tiempos de producción, circulación y consumo. Para ello nos habla del Universo 24/7 del capitalismo (veinticuatro horas al día, los siete días de la semana. Así que pasar una inmensa parte de nuestra vida dormidos, desconectados del cenagal de las necesidades artificiales, es una de las mayores afrentas que los seres humanos puedan inflingir a la voracidad del capitalismo contemporáneo. El sueño es una interrupción sin concesiones del robo del tiempo individual que el sistema perpetra a nuestra costa.

La mayor parte de las necesidades aparentement eirreductibles de la vida humana- el hambre, la sed, el deseo sexual y, en los últimos tiempos, la necesidad de afecto- han sido transformadas en formas comerciales o financiarizadas. El sueño impone la idea de una necesidad humana y de un intervalo de tiempo que no pueden ser colonizados ni sometidos a una operación de rentabilidad masiva, razón por la cual sigue siendo una anomalía y una cuestión crítica en el mundo actual. A pesar de todos los esfuerzos desplegados desde hace más de un siglo la necesidad de sueño sigue frusutrando y trastocando las estrategias que apuntan a explotarla y remodelarla. La realidad, sorprendente e impensable es que no se puede extraer valor de él. Y en ello están.

Los asaltos contra el sueño, no obstante, se han ido intensificando a lo largo del siglo XX. El adulto estadounidense medio duerme alrededor de seis horas y media por la noche, lo que supone una reducción cuantitativa importante respecto de la generación anterior que dormía un promedio de 8,15 h, por no hablar de comienzos del siglo pasado cuando, aún pareciendo inverosímil ese periódo era de 10 horas. En el próximo post repasaremos ese proceso, por de pronto el estudio de Crary hallamos una desmenuzada precisión en la que nos muestra como incluso desde la filosofía o la economía diferentes corrientes, con justifiaciones religiosas además, empujan al hombre a mantenerse “despierto”. (Continuará)

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