Tu sueño estará pronto en el mercado, el capitalismo va a por él. (y 2)

Hoy en día, proporcionar tiempo de descanso y de regeneración humana cuesta demasiado caro como para que sea estructuralmente posible dentro del capitalismo contemporáneo. Seguimos destilando sobre el artículo de Jonathan Crary, si bien puede antojarse sorprendente, de entrada, los argumentos son de una horrorosa contundencia capitalista. La figura de un ciudadano ocupado,, siempre en interacción y comunicación, reacción o transacción con un dispositivo telemático cualquiera es una figura enaltecida y sobredimensionada dada su efectividad relativa. Independientemente de las consecuencias individuales y sociales de esa praxis. Como señalan Luc Boltanski y Ève Chiapello en las reginoes del mal llamado primer mundo este fenómeno ha ido unido a la disolución de fronteras que separaban el tiempo privado del tiempo profesional. Ello ha llevado a que hoy el sueño sea considerado como una función variable que se trata de administrar y que ya no se define de manera instrumental y fisiológica.

Existe una expresión instrumental y anodina que servía para las máquinas hace unos años “en reposo”; esta idea de un aparato que se halla en estado de baja intensidad tiende a redefinir el sentido del sueño como un simple estado de operacionalidad y accesibilidad diferidas o reducidas. La lógica on/off ha sido superada: hoy ya nada está fundamentalmente en off. Ya no hay un estado de reposo efectivo, cada vez aumenta el número de personas que se despiertan para consultar sus dispositivos. Hoy en día estos planteamientos han llegado incluso a afectar el diseño de los espacios públicos y urbanos donde el diseño del mobiliario como los bancos sin espalda y de otras superfícies en altura para evitar que el cuerpo pueda recostarse.

De esta manera, señala Jonathan Crary, igual que el acceso al agua potable ha sido arrasado en todo el mundo, asistimos también a un fenómeno de propagación de la escasez del reposo. Ya en el siglo XVII Hume consideraba el sueño, junto a la locura y las fiebres como ejemplo de “obstáculos para el conocimiento”. Actualmente, en el siglo XXI, la inquietud por el sueño mantiene una relación más perturbadora con el futuro. Como el capitalismo es incapaz de preservarse a sí mismo, la noción de conservación o preservación es una imposibilidad sistémica. En dicho contexto, la restauración de la inercia del sueño obstaculiza todos los procesos mortales de acumulación, financiación y derroche que han devastado todo lo que en otro tiempo pudo tener el status de bien común. Y el autor despide sus conclusiones proponiendo un sueño: el de un mundo compartido cuyo destino  no sea fatídico, un mundo sin multimillonarios, un mundo que tenga un futuro distinto, un mundo en el que se sueñe en dormir. Viene tiempos de luchar en distintos ámbitos por derrocar las propuestas de 24/7, es decir siete días semanales y activos las 24 horas. En el fondo algunas de esas propuestas ya son hoy una cruda realidad laboral en nuestro mismo país en el cual ya muchos trabajadores nos cuentas como se prolongan dos y hasta tres horas sus jornadas por encima de lo establecido en un contrato basura que no respeta ningún derecho. Estemos atentos: nuestro descanso es ya mercancía.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.