Mirar Iberia: Los milagros de Villalcázar de Sirga.

Siempre te sorprende, donde quiera que pises, es esa maravillosa provincia. El románico palentino atesora una belleza y antiguedad que deja al paseante pasmado. La montaña alta, el supuesto llano mesetario, las rutas que circundan las grandes vías despliegan unconjunto de pueblos pequeños, hermosos y que suelen tener una joya arquitectónica considerable.

Teníamos una cita con Villalcázar de Sirga, que no pisábamos desde 2009. Y, pese a conocerlo, siempre te impresiona el contraste entre la paz de los trigos, las casitas escasas y la inmensidad del templo-fortaleza construida por la orden templaria a finales del siglo XII, en la transición del románico al gótico y tuvo una continuación en el siglo XIV. Está hecha en cantería y el proyecto inicial fue muy ambicioso aunque nunca se completó. Situada en el Camino de Santiago, el rey D. Alfonso X el Sabio, compuso las Cantigas de Santa María inspirado en una de las imágenes que en el templo se custodian, así como por ser el panteón de los restos del infante Don Felipe, hermano del rey.

La Colegiata de Santa María la Blanca, no solo fue un importante por su ubicación, en la coincidencia del camino del norte hacia Santiago, o porque Alfonso X el Sabio lo usara como lugar de inspiración. Cuenta la historia y la leyenda, cosas a veces bien distintas, que Santa María la Blanca era la última esperanza para aquellos a quienes el camino a Compostela no había sanado. La última esperanza y por ello los milagros narrados despertaron la atracción de desesperados peregrinos defraudados por la concha compostelana.

Por citar algunos casos milagrosos: Un prisionero de la cárcel de Carrión al que iban a ajusticiar se encuentra sano en la iglesia de Villasirga, tras su oración a Santa María, con todas las cadenas en las manos y sanos todos los miembros. En una vigilia ante el altar mayor un mozo sordomudo de Saldaña recobra sus facultades, mermadas de nacimiento. Una muchacha hidalga francesa recobra en Villasirga el movimiento de su cuerpo tullido. A punto de perecer ahogados en una reguera, salva Santa María la Blanca, a unos halconeros que la invocaron. Un conde de Francia que vino a la población no pudo entrar en la iglesia hasta después de haberse confesado. Santa María cegó a unos mozos que querían derribar su iglesia de Villasirga, consiguiendo que se arrepintieran. Maravillosas leyendas, antídotos contra el falso raciocinio imperante a la hora de repasar la historia

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