Tu ves el drama de Kabul, Josep Borrell propone negocios.

Para borrar el «síndrome de Vietnam» y especialmente el trauma del atentado que acabó con la vida de 241 soldados estadounidenses en Beirut el 23 de octubre de 1983, Ronald Rreagan invadió la isla de Granada dos días más tarde. ¿Qué nos espera después de las imágenes del aeropuerto de Kabul? ¿qué nuevo frente o espectáculo lamentable y trágico nos va a deparar Biden? ¿O romperá la tradición de huir de los fracasos estratégicos creando una hoguera más grande?. Y en Europa el presunto sucesor de Angela Merkel se apresuró a afirmar: «es la mayor debacle de la OTAN desde su constitución». En efecto el hecho de que los EEUU fueran atacados en su territorio justificó la intervención de los países miembros. En realidad, como afirma Serge Halimi, cuando los americanos conducen la operación militar el resto de países son tratados como meros vasallos a quienes se les concede el derecho de luchar y de morir, pero no el de ser consultados sobre el cese de las hostilidades. Desea el articulista que el fiasco afgano no conduzca a la OTAN a previsibles operaciones futuras en los dos nuevos escenarios de tensión camino de ampliarse: Taiwan y Crimea significan conflicto con China y Rusia.

Reagan y su esposa recibiendo los féretros del atentado de Líbano en el que murieron 241 soldados estadounidenses.

Repasemos el desastre neoconservador: Irak, Libia y Afganistán apenas han mermado su potencial destructivo. Después de todo, el daño humano lo sufren los otros: en Occidente las guerras las libran cada vez más los proletarios o incluso hay extrema derecha que argumenta que al fin y al cabo la tropa de a pie es casi toda inmigrante. Como siempre los pobres a morir para salvar a los ricos, que simplista, pero qué real frase. La mayoría de los estadounidenses que han combatido en Afganistán provenían de condados rurales de la América profunda, muy lejos de los lobies que tejen las guerras y los editoriales patrióticos. Volviendo al artículo de Serge Halimi este nos recuerda que desde septiembre de 2001 el presidente de Estados Unidos puede, sin aval previo del Congreso emprender la operación militar que quiera con la excusa de la «lucha contra el terrorismo». Lo más relevante es que no se identifica al enemigo, no se señala el espacio geográfico ni la duración de la misión. De ese modo, hace cuatro años, los senadores estadounidenses descubrieron que ochocientos de sus compatriotas se encontraban en Níger, únicamente porque cuatro de ellos acababan de fallecer. Con la conformidad de Joseph Biden un grupo de senadores de los dos partidos se han propuesto revocar ese cheque en blanco dado al Ejecutivo. La guerra no debería ser decisión exclusiva de nadie en concreto cuando lo que se pretende es librarla en nombre de los valores democráticos.

Javier Solana, PSOE, ordenó el bombardeo de Serbia y la destrucción de Belgrado.

Delante de todo esto el jefe de la diplomacia europea, el socialista español Josep Borrell, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de crear un «ejército europeo» argumentando que eso daría más «autonomía» a Europa. Es decir, los ejércitos locales respectivos y la OTAN ya no sirven, no son «operativos» para casos como el de Afganistán. Reconozco mi ignorancia, entre otras muchas, relativa a las estrategias militares, pero a uno le asalta la mala, tal vez, idea de que aquí se está montando una operación para reforzar un consorcio de los países europeos principales para ocupar a su industria militar, tecnológica y armamentística; por no hablar de los suministros. Es decir: Europa en pie con un ejército estrellado y para ello el señor Borrell reflexiona en altavoz: «Ya quisiéramos ahora tener capacidad de actuar por nuestra cuenta, tener una fuerza militar capaz de movilizarse como los americanos movilizan la suya, es lo que plantea la ‘strategic compass‘, la ‘brújula estratégica’, una ‘first entry force‘, una fuerza para actuar de emergencia. No solo para misiones de entrenamiento, sino también para cosas más complicadas, como en este escenario», señala Borrell. Su compañero de partido Javier Solana y Madariaga fue el que ordenó en la OTAN el bombardeo de Serbia, otra matanza nada desechable. Y ustedes pensando en las buenas y pobres gentes del aeropuerto, en aquellas colas que se antojaban imposibles, oliendo el coche bomba para un día u otro, a sabiendas de que todo era mentira y se quedaban verdaderamente en el abismo que precipita a la infernal vida talibana. Y ellos: socialistas, socialdemócratas o liberales pensando en el negocio. Ese absurdo del ejército, una institución dominante, autoritaria, con un delirio paranoide, que existe para librarnos de lo que se imaginan : el enemigo.

Borrell propone un nuevo negocio para los de siempre: «un ejército europeo»

 

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