Algunos motivos para la derrota en Afganistán…

Continuamos nuestra compilación de opiniones de calidad sobre el tema afgano. Más allá de la espectacularidad dramàtica hay la evidencia de que la derrota europea y americana se fue autoconstruyendo en un marasmo de intereses y visiones colonialistas. Reunimos aquí una parte de los analísis en profundidad de Adam Baczko y Gilles Dorronsoro.

Visión colonialista

En las vísperas de su toma de posesión, como jefe de las tropas occidentales en 2009, el general Stanley Mc Christal declaraba: «Los agravios históricos refuerzan el apego a la la identidad tribal o étnica y pueden mermar el atractivo de un estado centralizado. Todas las etnias, especialmente los pastunes siempre han buscado un cierto grado de independencia respecto del gobierno central». Precisamente el elogio de lo «local» justificó, durante todos esos años  la ausencia de coordinación con el gobierno central afgano en nombre de la legitimidad de las asambleas locales (jirga, shura). La obsesión por lo local también llevó a una etnización de las políticas públicas. Se invocaron tradiciones pastunes para eludir el derecho positivo, sobre herencias o matrimonios y en cambio se dio espacio a las reivindicaciones etnonacionales, ¿les suena?, de los empresarios uzbekos, hazaras o tavikos, lo cual les permitió conquistar puestos de mando y abrir paso a sus propuestas de enriquecimiento. Para completar Afganistán fue presentado como un país de tribus, una visión orientalista, inspirada claramente en los delirios del periodo colonialista.

Comisionistas por doquier

Los EEUU elaboraron el «Manual de Contrainsurgencia» que promovía la implicación de los militares estadounidenses en los conflictos sociales de la población local para ganarse aliados y recabar información. Lo que llaman directamente «establecer redes de confianza» recomendadndo estos contactos estrechos con quienes se casan, comercian o crean negocios. En realidad el presunto interes norteamericano por la «cultura afgana» alimentará colectas, actos culturales en universidades, impulsara la creación de ONG’S específicas; pero verdaderamente olvidaron las investigaciones antropológicas de los años 80, que ya entonces mostraban una profunda destribalización y las limitaciones de hacer una lectura solo étnica de la sociedad afgana. La empresa que se llamó State-building (construcción del Estado) ha sido una de las más ambiciosas desde la ocupación estadounidense de Japón y Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Solo en la década del 2000 la totalidad del presupuesto del gobierno afgano procedía de las entidades financiadoras; actualmente la proporción era del 75%. A estas sumas hay que añadir las decenas de miles de millones de dólares invertidas para financiar la policía, la justicia, el ejército y para la construcción de escuelas, hospitales, carreteras y edificios públicos. El Departamento de Estado hacía sus propias licitaciones , pero a su vez pagaba a fiscales cedidos por el Departamento de Justicia. Por su parte el ejército financiaba por su cuenta los programas que le parecieran adecuados. Pero todos esos compartimentos de poder estadounidense no sabían jamás que hacía o desarrollaba el departamento de al lado. Altos funcionarios hablan de choques y tensiones entre departamentos. Además el personal extranjero vivía en auténticas burbujas, en enclaves al margen de la población afgana.

Ayudar hundiendo

Por su parte las instituciones extranjeras encargadas de construir y dar forma al estado afgano contribuyeron a socavarlo mediante la implantación, con la constitución de 2004, de un regimen presidencialista que marginó al parlamento y a los partidos políticos. En la seguridad estados Unidos optó por la vía dual. Además de los organismo oficiales afganos (ejército, inteligencia, policía…) se apoyaron en diversos grupos armados o milicias bajo la autoridad directa de la CIA, antiguos muyahidines que habían luchado contra los soviéticos y que llegaron a ser nombrados gobernadores. Inicialmente habían servido como auxiliares del ejército estadounidense en su caza de militantes de Al Qaeda, más tarde ayudaron en la lucha contra los talibanes proporcionando traductores y guías para las incursiones de la Fuerzas Especiales y los ataques con drones. Realmente la formación de milicias a partir del año 2011 se convirtió en una estrategia para frenar el avance de la insurgencia. Pero a la vez esas milicias con sus exacciones y desórdenes provocados en numerosas comunidades (conflictos entre grupos y crimen organizado) acabaron haciendo mella en la imagen de un estado débil e incipiente y deslegitimaron al Gobierno a los ojos de la población.

Las cosas claras desde hace mucho

Los talibanes llevaban años dejando claro lo que querían, Sirajuddin Haqqani se presentó en un articulo en The New York Times titulado «Lo que queremos los talibanes». En el se describen como un movimiento centralizado y una ideologia estructurada. Sus principales cuadros proceden de las madrasas deobandis de Pakistán, que regularmente han enviado a sus alumnos a luchar en Afganistán. esta red de escuelas religiosas forma ulemas que comparten una visión fundamentalista y poseen una fuerte conciencia de grupo y las habilidades necesarias para estructurar su burocracia. Aunque los comandantes tienen autonomia táctica, están sujetos a las órdenes de sus superiores y muchos líderes militares han sido destituidos por infringir la disciplina.

Una organización fuerte

El código de conducta de los combatientes talibanes contiene algunos principios del derecho internacional humanitario. la diferencia entre los talibanes y el Estado islámico o Daesh es que este último reivindica la autoría de espectaculares atentados contra objetivos civiles (como el del aeropuerto de Kabul del 26 de agosto) y los talibanes practican principalmente el asesinato político. Una gran estabilidad en el centro de la organización detectan muchos especialistas, ya que las muertes del mulá Omar (2013) o la muerte de su sustituto el mulá Ajtar Mansur, asesinado por un dron en Pakistán, fue sustituido por Haibatulá Ajundzada sin movimientos ni divergencias en la organización.Por otra parte los talibanes han ampliado las zonas y las procedencias de sus reclutados que inicialmente eran pastunes del sur y hace una década se han extendido al norte y al oeste donde movilizan a combatientes de todas las comunidades y están presentes en todo el país con la excepción del valle de Panshir y Hazarajat. Su consejo de mando controlado en un 40% por pastunes contaba entre sus doce miembros con un tayiko, un uzbeko y un turcomanao. Los talibanes se han negado a tener un discurso étnico, a diferencia de los partidos de Kabul que cada vez marcaban más diferencias, ellos han reivindicado el nacionalismo afgano.

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