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Gotas de Letras: La angustia de la enamorada de la isla de San Simón. Narrado por Álvaro Cunqueiro.

El Libro Vello da Provincia de Pontevedra, de 1460, habla de los Mendiños de Pontevedra, que tenían una calle, la actual calle Princesa, lo que encaja bien con un origen culto y noble en un lugar con tradición de lírica galaico-portuguesa.
De Mendiño sólo se conoce una cantiga de amigo, que está considerada entre las más importantes de la lírica galaicoportuguesa. Se conserva en el Cancionero de la Biblioteca Vaticana y en el de la Biblioteca Nacional de Lisboa (Cancionero Colocci-Brancut). Se trata de la cantiga que inicia con el verso “Sediam’eu na ermida de San Simón”. Mendiño conoce bien el escenario elegido.

Una moza espera, ilusionada, a su amigo en la ermita de la isla de San Simón, un islote peculiar en la ría de Vigo, al que con marea baja se llega apenas mojándose los pies y el extremo de la ropa remangada. El peligro viene al subir la marea, que obliga al regreso a nado o en barca.
Ha concertado una cita secreta con su amado en el atrio de la ermita, donde él debe acudir con su barca. Pero falta a la cita y las olas van subiendo. Le invaden sentimientos de angustia: ¿vendrá? ¿cómo salir cuando suban las aguas?. Las mareas y los fondos de la ría han cambiado, y la isla ya no se cubre por entero, pero antiguamente sí lo hacía, de modo que entiende que morirá ahogada y relata su espera entre desesperada y resignada, o quizás estoica: ¡para que vivir si el amado no acude!, y morir ahogada viene a ser morir de amor desatendido.

Es una joya literaria que exhibe en pocos versos un compendio de recursos poéticos: drama, lirismo magistral, rima de sencilla belleza, con la musicalidad y dulzura del gallego medieval. Las dos primeras estrofas en pasado sugieren esperanzada en el futuro, las dos siguientes en presente proponen duda, y las dos últimas en futuro rebosan angustia o resignación. El mismo interrogante, “E verrá?”, cambiará de significado y de sabor, dulce al comienzo, insípido en el medio y amargo en su desenlace. La cantiga y su mensaje se ha traducido a 31 lenguas. No es de extrañar, porque la historia se convierte en atemporal y accesible a los lectores de cualquier época y nivel cultural.

Sedia-m’eu na ermida de San Simióne cercaron-mi as ondas, que grandes son.
Eu atendend’o meu amigo. E verrá?

Sedia-m’ eu na ermida de San Simión?e cercaron-mi-as ondas que grandes son.?Eu atendend’ o meu amigu’! E verrá?
Estando na ermida, ant’ o altar,?cercaron-mi-as ondas grandes do mar.?Eu atenden[d’o meu amigu’! E verrá?]
E cercaron-mi-as ondas que grandes son:?non ei [i] barqueiro nen remador.?Eu [atendend’o meu amigu’! E verrá?]
E cercaron-mi-as ondas do alto mar:?non ei [i] barqueiro nen sei remar.?Eu aten[dend’o meu amigu’! E verrá?]
Non ei i barqueiro nen remador:?morrerei [eu], fremosa, no mar maior.?Eu aten[dend’o meu amigu’! E verrá?]
Non ei [i] barqueiro nen sei remar:?morrerei eu, fremosa, no alto mar.?Eu [atendend’o meu amigu’! E verrá?]

Brea, Mercedes (dir.) (1996): Lírica Profana Galego-Portuguesa.

(Santiago: Centro de Investigacións Lingüísticas e Literarias Ramón Piñeiro – Xunta de Galicia)

 

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