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Después de Ucrania. ¿Habrá primaveras europeas?

El ogro ruso debe exterminarse. Una misión imposible de la que los EEUU se pasan el día fabricando pruebas que demuestren que sí, que es posible. Fabricando las fake del maldito. Hace años el ogro fue Saddam Hussein que llevaba años acumulando nuestra supuesta exterminación química. Aquella tesis propia de políticos que no dudaron en matar como John Major, Jose María Aznar y George Bush junior fue la que causó unos estragos de los que aún nadie se ha recuperado. La huella de aquella mentira impulsó al islamismo radical, hinchó las filas de Estado Islámico, contribuyó a la tragedia Libia y detonó para siempre la Siria, cliente y cómplice de los EEUU e Israel. Qué les vamos a decir del caso español. El 11-M en Madrid fue la comisión sangrienta que obtuvo España de la brillante gestión militarista del PP de José María Aznar.

De rebote se agitaron las aguas del Golfo e Israel quiso aprovechar para asesinar selectivamente a varios técnicos nucleares iraníes, Arabia Saudí financió una horrible guerra en Yemén, que ha destrozado y dividido en dos el país. Todo Oriente Medio fue un polvorín potencial. Desde el 2010 se alzaron las llamadas primaveras árabes. Donde algunos llegaron a ver «insurrecciones» lo único que hubo fue una grieta social contra el orden establecido pero siempre dominada por los respectivos ejércitos. De las protestas en Túnez a la plaza de Tahrir en EL Cairo el mundo árabe se levantó y tal como lo hizo cayó en manos de los poderosos de siempre. En Oriente Medio y el Norte de África hubo un estallido sin precedentes de protestas populares y exigencias de reformas. Comenzó en Túnez y, en cuestión de semanas, se extendió a Egipto, Yemen, Bahréin, Libia y Siria. Fueron derrocados líderes autoritarios que ostentaban el poder desde hacía mucho tiempo, como Hosni Mubarak en Egipto y Zin el Abidín Ben Alí en Túnez. Mucha gente albergaba la esperanza de que esa “Primavera Árabe” instauraría nuevos gobiernos que traerían reformas políticas y justicia social. Pero la realidad es que hay más guerra y violencia, y que se reprime a quienes se atreven a alzar su voz por una sociedad más justa y abierta.

Por ello, la guerra de Ucrania se nos presenta como una batalla por la salvación de una presunta y dudosa democracia nacionalista a la Zelenski, no solamente así, sino que esta vez corre peligro toda Europa, por culpa del ogro Putin, al que hay que destruir porque de lo contrario tiene un plan para destruirnos a todos nosotros, a nuestras gloriosas democracias europeas. Es decir: salvando las distancias se trata de un maldito al que derribar como ocurría con Saddam. Eso sí, vale dinero. La OTAN es la encargada de distribuir los pedidos armamentísticos y repartir una hipotética reconstrucción de Ucrania. Los Estados Unidos «ayudan» a un tonto útil como Europa a que pague la factura de armamento. Y como siempre la guerra bien lejos de sus fronteras. Ya sé que sesudos analistas me dirán que las primaveras árabes poco tienen que ver con Europa. Yo no estoy tan seguro. Por eso les presento el ejemplo: ¿Después de matar al ogro Saddam qué paso en el mundo árabe? ¿Después de la guerra de Ucrania como quedará Europa? Eso a EEUU le da igual, mientras se paguen las facturas.

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