Literatura

Gotas de Letras: Rafael Chirbes «Diarios 1 y 2» A ratos perdidos.

Una madrugada de agosto cierro la última página de los «Diarios» subtitulados «A ratos perdidos 1 y 2» de Rafael Chirbes. Estoy seguro de que volveré sobre ellos. Es demasiada larga la lista de lecturas constantes del autor, sus citas, referencias, opiniones sin ambages. Sí, decididamente publicamos en este blog una referencia a su obra, elogiosa y admirativa. Ahora, aún conociendo miserias del autor, autoconfesadas, no nos bajamos de ahí. Siendo diarios que cruzan distintas décadas, la mirada de Chirbes es cuando menos muy especial. Antes de seguir agradecerle al maestro Chirbes otro descubrimiento sensacional, la escritora Marta Sanz cuya enhebrada y especial prosa nos ha llevado a retrasar este final. Desplazándonos a dos de sus libros: El frío y La lección de anatomía.

Le ha tocado a Sanz introducirnos en el mundo Chirbeano y lo hace a su estilo. Traza dura con el bisturí para abrir los órganos más preciados del cuerpo vital y literario de Rafael Chirbes. Nos dice que a Chirbes le gusta ser un escritor plebeyo y lo define como a un monje de la literatura que limpia los iconos del pan de oro y la devoción rococó para buscar a Dios en las cocinas. Casi al final de las memorias el autor define «La literatura como la criada que te ordena la casa». Analizando el campo literario de los setenta, afirma que ensalzar a Pound, Cioran o Céline constituye una estrategia para expulsar de la centralidad de la cultura a los escritores comunistas. Ensalzar a los escritores fascistas europeos normaliza la escritura de quienes «coquetearon con el fascismo como defensa encubierta del franquismo».

Y si en algo es excesivo y generoso, es en las reseñas, citas o comentarios sobre autores. Tremendamente claro, a disgusto de los que viven del y en el staff literario, valorado por el número de ejemplares. Fernando Valls hace en el prólogo un elogio y esquema del diarismo, el estilo literario del diario provoca múltiples intereses. Mencionan, tanto Valls como Chirbes, a nuestro querido proveedor de libros de esta casa, Antonio Rabinad al cual rendimos siempre homenaje. Nuestro verdadero ilustrador y camello literario de tantos años al que luego descubrimos una obra, rica, ingente y poco conocida. En lo personal vive expulsando esa puñetera moral judeo-cristiana que le agita a la hora de valorar la moral social, contar de la homosexualidad que vive, el amor o la forma de escribir entendida como algo que ha de tener una parte de sufrimiento, eso es algo que le impide, a veces, acabar de vivir en satisfacción escrita con lo que realiza.

La aparición lenta, progresiva de la enfermedad, la renuncia o no, a un cierto alcoholismo creciente como simbolo de creación o el mito de la drogadicción.?Cuando vuelve a vivir a Beniarbeig escribe: «Lo que el amago de convivencia aquí me ha echado a la cara es el conjunto de razones por las que nunca quise vivir en esta puta tierra» y añade: «Qué respeto puede merecer un pueblo que ha convertido el paraíso que le regalaron (lo era en su pobreza, lo conocí) en un albañil infecto». Cronológicamente es el momento previo de «Crematorio», esa gran obra, verdadera biblia, sobre como desapareció la costa mediterranea levantina. Como lo vendieron todo para crear una mierda. Continuó luego con «En la orilla» donde describe, tremendamente, el ocaso de todo el proceso de enriquecimiento que el ladrillo movió y las distintas Gomorras morales que acabaron en un desecho social importante.

Pero volvamos atrás. La obra de Chirbes nos despoja de alharacas, muchas tonterías sobre la clandestinidad en el franquismo, las relaciones entre personas que militaban o ayudaban; o simplemente mutaban completamente en verse tocados o agraciados por las dádivas que en forma de sumisión, o simplemente, miserias humanas recibían algunos de aquellos en otrora grandes luchadores. Por ello, en los 90 y en los cuadernos del segundo milenio revisa el sesentayochismo, el franquismo y el concepto de la utopía Europa. Deplora la deriva socialdemócrata del PSOE y del país en general. El nacimiento de un individualismo dispuesto a avalar moralmente el pelotazo, la corrupción y en definitiva la inmoralidad.

Cómo dice Fernando Valls en el prólogo: «Estas páginas están llenas de vida, a menudo descarnada, y de literatura, pues nos abren la puerta de algunos episodios íntimos, pero también nos permiten acceder a su taller de escritura. Podría decirse, por tanto, que recogen la verdad de un hombre que vivió casi siempre, hasta donde pudo cumplirlo, al margen de la mayoría de las convenciones, y la de un narrador que nunca dejó de buscar la manera de presentar la realidad al ritmo de la historia, de la sociedad y de los individuos, sujetos de un tiempo que es todavía el nuestro.» Les recomendamos su lectura, aunque no conozcan su obra, pero si algo les lleva a leer uno de sus libros, seguro que volverán a sus cuadernos llamados Diarios.

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