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Gotas de letras: Salir de la anestesia con literaduras.

La actualización de la obra de Indro Montanelli, incorregible testigo del holocausto desde el fin de la segunda gran guerra, nos motiva a recomendarles una mirada a la literatura, no siempre interesante, sobre el tema. De eso hablaremos otro día, pero la noticia de Montanelli nos abre una luz de debate: ¿Cuando la literatura, por agria y dura, es desperdiciada por el lector? Bien sea por la dureza del tema o bien porque aún siendo un tema agrio no sea deleite para el lector.

monta”El Fascismo es la tentativa más cómica de instaurar la seriedad” (I.Montanelli)

Permítanme literaturizarme un poco en este modesto espacio, lo haré tratando de enfocarles los réditos culturales y personales que nos puede ofrecer esa literatura muchas veces rechazada.En primer lugar sea el holocausto europeo de la era nazi, la guerra civil española o las dos grandes guerras europeas hay un punto coincidente de narradores y escritores: el silencio. Hay un pacto basado en la violencia del vencedor, ¿no está escrito?, sí, está escrito con sangre en la lengua de los sobrevivientes: «No cuentes, no hables o perderás lo que tienes».

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Esos silencios y esas miradas en la taberna, en la mesa familiar, al pie de la maquina fabril son la certeza de que se ha perdido todo, excepto la vida.Pero hay algo que inseguriza a todos: el horror que puede desencadenarse en cualquier momento. Ya sea por depuración, por delación o por colaborar con el «enemigo». La represión pura y dura.

En el caso español en concreto he hecho  «descubrimientos» de la mano de Rafael Chirbes: «La larga marcha» o los «Viejos amigos», un duro testimonio de la posguerra, el miedo y la militancia donde prima lo personal, la forma de vivir, el sentimiento de miedo y angustia. Seguro que ustedes tienen sus preferencias, para quien escribe hay dos libros capitales de la posguerra: «Tiempo de silencio» de Martín Santos y el de Ana María Matute «Los hijos muertos». Seremos injustos a posta dejando un larga lista de autores, los títulos que sugerimos parten de la diferencia de enfoque y dan prioridad  la vida de la gente bajo la posguerra.

Los relatos de postguerras ya forman parte de esa literadura que muchas veces el lector rechaza. Tiene sus motivos, no olvidemos que con la extensión del cine en la primera quincena del siglo XX proliferan las dos grandes guerras mundiales. La huella literaria de esas guerras abrió las puertas a la cinematografía bélica como narrativa, como valiosa herramienta de propaganda.

Todo eso culminó en una resistencia lógica al tema bélico. Pero por otra parte, las guerras como extremo máximo de la violencia desatada por el hombre tienen un componente de asomarnos al horror, a los límites del ser y a la violencia que no ofrecen otros hechos. Son motivos y extremos por los cuales el lector es atraído o repelido por la temática. Vale la pena pasear nuestros ojos por algunas de esas literaduras.

The first use of ether in dental surgery, 1846. Oil painting by Ernest Board.
By: Ernest BoardPublished: –
Copyrighted work available under Creative Commons by-nc 2.0 UK, see 

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